La Colección de Sellos y el Caos como Método
En la política de Rojas, hay personajes que confunden «trayectoria» con «permanencia». Tenemos hoy un caso de estudio: un dirigente que parece haber hecho de la acumulación de cargos su único proyecto de vida. Presidente del PJ por aquí, Concejal por allá, y ahora —como si el tiempo le sobrara o los resultados lo avalaran— se anota en la carrera para la Intendencia.
El mito del conductor
Se llena la boca hablando de «conducir», pero la realidad es mucho más desprolija. Hay una pregunta que flota en el aire de cada unidad básica y en cada café de la ciudad: ¿Cómo puede alguien pretender administrar el destino de miles de vecinos si no es capaz de administrar su propia vida? La gestión pública requiere orden, método y una disciplina que no se improvisa. Cuando ves a alguien cuya vida personal es un constante incendio, donde la desorganización es la regla y no la excepción, lo último que necesitás es darle las llaves de la Municipalidad. La Intendencia no es un premio para quien no encuentra el rumbo en su propia casa.
Lealtad: un concepto para pocos
Lo más preocupante, sin embargo, es su interpretación de la «lealtad». En el peronismo, la lealtad es un valor sagrado, pero para este candidato parece ser un bien de uso, algo que se aplica solo cuando el «compañero» de turno le es funcional a su ambición.
Es una lealtad selectiva, de corto alcance. Esa falta de compromiso real con la tropa propia es lo que termina rompiendo los frentes. Quien selecciona a quién serle fiel según la conveniencia del calendario electoral, no es un dirigente; es un oportunista con despacho.
¿Ambición o desesperación?
Verlo saltar de silla en silla genera una duda razonable: ¿Realmente quiere transformar Rojas, o simplemente tiene pánico a vivir fuera del presupuesto público? Pasar por todos los cargos sin dejar una sola idea que le mejore la vida a la gente ya es un pecado. Pretender el cargo máximo sin haber ordenado primero su propio desorden es, directamente, una falta de respeto al electorado.
Rojas no necesita un «todólogo» que no sabe decir que no a un sueldo, pero que no sabe decir que sí a la coherencia. Antes de pedir el voto para Intendente, debería probar con algo más básico: organizar su propia agenda y aprender el significado de la palabra lealtad, pero con todos, no solo con los que le convienen.
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