por Theo Tello.
Rojas: La crónica de una desidia anunciada que funde a un municipio
La rendición de cuentas del ejercicio 2025 en Rojas no debería ser noticia por la cifra de su déficit, sino por la obscenidad de su gestión. Cuando los números exponen un rojo de 4.300 millones de pesos, no estamos ante un «imprevisto financiero» ni ante un efecto colateral del contexto nacional; estamos frente al fracaso rotundo de una administración que, con 25 mil habitantes, ha logrado lo que parece una hazaña: que los recursos sean inversamente proporcionales a la calidad de los servicios.
Resulta, por lo menos, incomprensible mirar el mapa de la Provincia de Buenos Aires y comparar. Mientras otros distritos con mayor densidad poblacional, mayor complejidad urbana y presupuestos similares logran sostener una administración equilibrada, Rojas se desploma. ¿Cuál es el factor diferencial? La respuesta es tan incómoda como evidente: el desmanejo administrativo.
La gestión municipal actual ha operado bajo una lógica de «caja abierta» y planificación nula. Han gastado sin horizonte, priorizando la inercia sobre la gestión pública eficiente. El resultado hoy lo padece el vecino, que transita un municipio donde las obras brillan por su ausencia y los servicios públicos se encuentran en un estado de degradación alarmante. ¿Dónde terminó el dinero? Es la pregunta que resuena en cada esquina de la ciudad, pero que el Ejecutivo prefiere ignorar tras el biombo de una rendición técnica que, a todas luces, es un insulto a la inteligencia del contribuyente.
Esta crisis económico-financiera no es un accidente, es el destino inevitable de una política que ha operado de espaldas a la realidad local. Se ha gobernado como si el municipio fuera una entidad autárquica, exenta de rendir cuentas, cuando la realidad indica que la capacidad operativa de Rojas, bien administrada, debería bastar y sobrar para garantizar una gestión de excelencia.
Desde una mirada neutral, alejada de la trinchera partidaria pero profundamente comprometida con la transparencia, la pregunta ya no es cómo se llegó a este déficit, sino hasta cuándo el vecino deberá costear con su paciencia y sus impuestos la incapacidad de quienes hoy tienen la responsabilidad de administrar el futuro de nuestra comunidad.
La transparencia no es un slogan de campaña, es la obligación ética de quien ocupa un lugar público. Y hoy, en Rojas, los números no son solo un balance financiero negativo; son la prueba irrefutable de que se ha roto el contrato más básico entre el gobernante y el ciudadano. La emergencia de Rojas no se resuelve con excusas, se resuelve con la verdad que este balance intenta, en vano, ocultar.
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por Theo Tello.