la columna de Jorge Santiago.
Reforma Laboral
No es modernización, es involución para que los de abajo no puedan progresar
Bajo el nombre seductor de “modernización laboral”, el proyecto que obtuvo sanción en el Senado esconde algo siniestro: menos derechos y el fin de la movilidad social ascendente
La llamada «modernización» laboral avanzó en el Senado con la prolijidad de un trámite administrativo y la liviandad discursiva de quien cambia el nombre de un archivo creyendo que así oculta su contenido. Eso es lo que marca la estatura moral de los que promueven el proyecto, que lo hacen partiendo de un engaño, haciéndonos creer cosa que todos sabemos que no van a pasar. Eso es algo que se pueda tolerar porque subestima a los espectadores del debate político. En castellano: nos quieren tomar por tontos, creando la ilusión de que dos partes cuyo poder de negociación es notoriamente diferente, pueden sentarse a negociar en igualdad de condiciones.
Uno de los caballitos de batalla de estos cínicos es hacer creer que el banco de horas hará posible que un trabajador le diga a su jefe «el viernes no vengo porque hago un curso de yoga» y que éste le responderá «ok, pero el martes lo compensas». Para los que hayan comprado esa ilusión, propongo el siguiente ejercicio: traten de observar cómo les iría a los trabajadores gastronómicos y a quienes trabajen en el detrás de escena de espectáculos deportivos si intenten «negociar» con quién corresponda, un franco el fin de semana, a cambio de trabajar más horas por la mañana de un día miércoles. El empleador les podrá decir: «si no venís el fin de semana, el lunes empezá a buscar trabajo. Para despedirte tengo el FAL». Así de breve sería la negociación que vende La Libertad Avanza.
En este punto hay algo que nadie explica, ni siquiera con intención de instalar otra mentira, como es la habilidad natural de los liberales. Hay un deseo de progreso en la Argentina que se puede sinteizar en «mi hijo, el doctor». Esa frase resume la realidad en muchas familias: padres laburantes, hijo profesional. Posiblemente ese hijo estudió en la universidad pública, o tal vez sus padres pudieron pagarle una privada. Lo cierto es que el hijo que estaba destinado a ser un trabajador -precarizado, como la mayoría- logró torcer ese destino y llegó más lejos que sus padres. Esa Argentina gloriosa, no existe más con esta ley perversa
Vamos a suponer que un joven termina el secundario y consigue un trabajo en una casa de comidas rápidas, o en seguridad privada, mientras estudia en la universidad. Pensemos que ese joven sale de su trabajo a las 17 horas, y que a las 19 tiene un exámen. Entonces su jefe le dice «hoy se tiene que quedar hasta las 22 horas». Ese trabajador pierde la clase, el examen, la materia y en consecuencia, su carrera. Y por si algo faltaba, la eliminación de los Convenios Colectivos de Trabajo y el concepto de «salario dinámico» harán que sea posible pagarle menos. Conclusión: el que no tiene contactos para tener un buen trabajo está condenado a perder el estudio, la única herramienta que lo puede sacar de donde está hoy.
Con estos dos ejemplos -para muestra basta un botón- queda claro que el fin último de la reforma laboral es que el laburante no pueda progresar. Con eso, matan de un tiro por la espalda a la vieja y querida movilidad social ascendente, que dio origen a lo que alguna vez fue la orgullosa clase media argentina. Es un crimen a traición, porque varios de los que apretaron el gatillo, llegaron al Senado levantando Ese será otro crimen, quizá el más grave, de los malditos liberales. Con esto va quedando claro que en nuestro país los trabajadores tienen un enemigo que les declaró la guerra, en nombre de la libertad. Lo mismo hicieron los asesinos Pedro Eugenio Aramburu e Isaac Rojas en 1955, también en nombre de la libertad.
Otra falacia libertaria: para motivar a los empleadores a tener al personal registrado, nada mejor que eliminar las multas para el trabajo no registrado. ¿Qué le va a decir un empresario a su empleado, cuando éste siga la recomedación de la exministra de Patricia Bullrich y le pida a su jefe que lo ponga en blanco? Se le va a reir en la cara, justamente porque fue este gobierno el que eliminó la penalidad para los dadores de empleo que no registran a su personal. Lo hizo a través de la Ley 27.742, conocida como Ley Bases. Así es como los libertarios se burlan de sus votantes.
Lo del párrafo anterior es particularmente grave, porque los celosos custodios del equilibrio fiscal que se quejan de la existencia de «los jubilados sin aportes» -como si tal cosa fuera real- van a tener ganas de balearse en un rincón cuando los jovenes que hoy son contrataddos bajo las nuevas condiciones que permite la Ley Bases, cumplan 65 años. ¿Cómo se van a jubilar, si no van a tener aportes? Si tienen la suerte de que para ese momento haya un gobierno nacional y popular, el problema será resuelto pero al costo de agrandar el gasto. Lo que no van a decir estos cínicos es que ese gasto será necesario para evitar un genocidio de adultos mayores.
Hasta ese punto llega el nivel de ignorancia, irresponsabilidad moral y cinismo de quienes hoy venden la «modernización» sin decir lo que en verdad es: una involución salvaje, con un marketing perverso, pergeniado por los que fueron, son y serán los que postraron al país, en todo sentido, desde la presidencia de Bernardino Rivadavia: los liberales que siempre despreciaron lo nacional en favor de lo extranjero y que importaron todo. Desde artículos menores, hasta doctrinas, ideología y cultura.
La quieren vender como algo moderno, como si el trabajo en la Argentina todavía se rigiera por tecnología de la edad media y por máquinas de escribir, pero cuando uno rasca apenas un poco de la pintura marketinera, aparece la perversión de quienes la impulsan. Eso queda claro con pago del 75% del salario a quien se enferma. No importa que tan grave sea la enfermedad, el descuento operará de todas maneras. ¿Se puede ser tan mal nacido como para levantar la mano para aprobar algo así? ¿En qué estaban pensando los senadores que consienten esto?¿De verdad creen que los trabajadores quieren esa basura de ley? Esa era la intención, eliminada del proyecto, pero que sirve para advertir lo que son quienes lo escribieron.
Sin embargo, hay que reconocer algo. El lenguaje elegido por estos mentirosos es quirúrgico. No se habla de recorte, se habla de simplificación. No se habla de pérdida de garantías, no se habla de abaratar despidos. El diccionario neoliberal tiene la virtud de convertir un ajuste en una promesa y una poda en una oportunidad. Pero la realidad material es menos poética: cuando la legislación laboral se flexibiliza, lo que se relativiza es la estabilidad de vida de millones de personas que no tienen colchones financieros ni estudios de abogados que los respalden.
Las cartas están sobre la mesa. La propuesta de los que abandonan y reprimen a los jubilados, le roban a los discapacitados y se burlan de los trabajadores resultó ser una pesadilla. El principal argumento que usaron estos tipos es que la Ley de Contrato de Trabajo 20.744 -a la que asesinaron ayer- tenía más de cincuenta años ¿Se pregutaron cuántos años tiene La Biblia? Seguramente no les importa, de la misma forma que desconocen la justicia social, tratando de «zurdos» a los que la defienden, ignorando ese glorioso texto de León XIII, Rerum Novarum. Mal que les pese a estos impresentables, lo viejo funciona. Será cuestión de tiempo que los votantes de Milei lo puedan entender.
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la columna de Jorge Santiago.