la columna de Fabián Reale.
Cuando la macro cierra, pero la gente no
El Gobierno nacional decidió gobernar mirando planillas de Excel. Celebra el superávit fiscal, exhibe gráficos descendentes de inflación y repite como mantra que “ahora los números cierran”. Pero en la Argentina real —la del almacén que vende menos, la del trabajador que resigna consumo, la del jubilado que parte el remedio— los números no cierran. Y cuando no cierran en la mesa familiar, la macro pierde sentido.
La gestión de Javier Milei eligió una prioridad: ordenar las cuentas del Estado a cualquier costo. El ajuste fue profundo, veloz y sin anestesia. Subsidios eliminados, obra pública paralizada, recortes en transferencias, caída del gasto social. El argumento oficial es claro: sin equilibrio fiscal no hay estabilidad posible. Sin estabilidad, no hay crecimiento.
El problema es que entre el diagnóstico y la realidad hay millones de argentinos en el medio.
La macroeconomía puede mostrar señales de ordenamiento. Pero la microeconomía —la economía cotidiana— evidencia una contracción severa. Comercios que bajan la persiana. Pymes asfixiadas por la caída del consumo. Profesionales independientes con menos trabajo. Provincias y municipios desfinanciados.
No se trata de negar la importancia del equilibrio fiscal. Se trata de preguntarse si el camino elegido contempla el costo humano del ajuste. Si el Estado se retira abruptamente en una economía frágil, lo que queda no es dinamismo privado automático, sino recesión.
Gobernar no es solo estabilizar variables. Es administrar consecuencias. Es entender que detrás de cada punto del PBI hay empleos, y detrás de cada partida presupuestaria hay personas.
La Argentina necesita orden. Pero también necesita producción, crédito, obra pública estratégica, consumo interno activo y protección social inteligente. Si la macro mejora mientras la micro se deteriora, el modelo corre el riesgo de volverse técnicamente correcto y socialmente inviable.
Porque la estabilidad que no se siente en el bolsillo es apenas un dato estadístico. Y ningún dato estadístico vota, trabaja ni vive en un barrio.
La verdadera discusión no es si hay que ordenar la economía. Es para quién se ordena y cuánto está dispuesta la sociedad a pagar mientras espera que ese orden algún día derrame.
Cuando la macro cierra pero la gente no, el debate recién empieza.
Fabian Reale
Dirigente político
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