CRUCE DE ÍDOLOS: MESSI DIJO PRESENTE Y COLAPINTO RESPONDIÓ CON MOTOR Y CORAZÓN

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CRUCE DE ÍDOLOS: MESSI DIJO PRESENTE Y COLAPINTO RESPONDIÓ CON MOTOR Y CORAZÓN

Hay días que no son días… son postales. De esas que el argentino guarda en el cajón de “mirá dónde llegamos”. Y lo que pasó en el paddock del Gran Premio de Miami fue exactamente eso: una escena que mezcla épica, emoción y ese condimento bien nuestro de decir “sí, papá, estamos en todos lados”.

Porque cayó Lionel Messi como quien no quiere la cosa, con la familia, con esa simpleza de tipo que ya levantó todas las copas pero todavía camina con alma de potrero. Y revolucionó la Fórmula 1 como si fuera un superclásico en el Monumental, de esos que te erizan la piel. Porque claro, como tiró una vez Diego Maradona: “el fútbol es el deporte más lindo y más sano del mundo”. Y Messi, a esta altura, es eso: lo más lindo que le pasó a la pelota en años. Donde pisa, deja historia.

Pero esto no era solo una visita VIP. No señor. Esto tenía nombre y apellido: Franco Colapinto. El pibe de Pilar que se está metiendo en la mesa grande del automovilismo mundial con la naturalidad de quien juega un picado en la plaza. Y ahí estaba Leo, no como estrella lejana, sino como ese ídolo que baja a tierra y te dice “dale, nene, es por acá”.

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La foto entre Messi y Colapinto no fue una foto más. Fue un cruce generacional de esos que te erizan la piel. El campeón del mundo con el que sueña todo un país y el chico que empieza a escribir su propia historia a 300 km/h. Como diría Mirtha Legrand: “el público se renueva”. Y vaya si se renueva.

Porque Colapinto no desentonó. Al contrario. En una carrera picante, cambiante, con ese clima que amagaba con pudrirlo todo, el argentino se plantó y firmó su mejor actuación en la máxima categoría: séptimo puesto. Así, sin hacer ruido, pero dejando en claro que no está de paseo. Está para competir.

Mientras tanto, allá adelante, el pibe maravilla Kimi Antonelli se llevaba la carrera y confirmaba que es cosa seria. Pero para nosotros, seamos honestos, el foco estaba en otro lado. En ese 7° puesto que sabe a gloria, porque como decía Carlos Bilardo: “el resultado es todo”. Y este resultado, para lo que viene, vale oro.

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Y en el medio de todo eso, Messi caminando el paddock, sacándose fotos, saludando, metiéndose en boxes como si fuera uno más. Una escena que parecía sacada de una película. O mejor dicho, de esas tardes de domingo donde todo se mezcla: fútbol, fierros, ídolos y sueños.

Porque si algo tiene el argentino es eso: la capacidad de ver en el otro un reflejo propio. En Colapinto vemos al pibe que se animó. En Messi, al que llegó y nunca se olvidó de dónde salió. Y cuando esos dos mundos se cruzan… pasa esto. Pasa Miami.

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Y entonces uno no puede evitar pensar —medio canchero, medio emocionado— que sí, que “todo pasa” como decía el Don Julio… pero hay cosas que quedan. Y esta, hermano, queda.

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