En la radio de AM 530 Somos Radio, en el programa de Daniel Tognetti (Siempre es Hoy), no hubo lugar para tibios. La que habló fue Marcela Pagano y, como diría el viejo dicho, “no dejó títere con cabeza”. Lo que parecía una entrevista más, terminó siendo una bomba de esas que hacen temblar hasta los cimientos de la política criolla.
Porque Pagano contó todo. Y cuando alguien cuenta con datos, con nombres y con esa mezcla de periodista y política que no le tiembla el pulso, el aire se corta con cuchillo.
Arranquemos por el principio: la diputada confirmó que amplió una denuncia por enriquecimiento ilícito contra el jefe de Gabinete Manuel Adorni. ¿El disparador? Un viajecito en avión privado en plena temporada alta. Un lujo que, según el mercado, ronda entre los 10.000 y 20.000 dólares. Y como decía la abuela: “si no te dan los números, te dan los nervios”.
Pero eso fue apenas la puntita del iceberg.
Pagano metió la lupa en lo que, según ella, “el blanco no les da”. Traducido al castellano de la calle: lo que declaran no cierra ni con calculadora científica. Ingresos que no llegan a cinco palos mensuales… pero vida de high life, pasajes en primera, vuelos, movimientos que, como decía Diego Maradona, “la pelota no se mancha… pero acá hay barro por todos lados”.
Y ahí aparece el capítulo inmobiliario, que es donde la cosa se pone más picante que chimichurri de cancha.
Una casa en el exclusivo country Indio Cuá, en Exaltación de la Cruz. Lote 380. Golf, caballerizas, pileta… y una vista privilegiada entre el hoyo 17 y 18. Un sueño, digamos. El tema es que esa propiedad —según Pagano— está a nombre de la esposa de Adorni y no figura en las declaraciones del funcionario.
“Y bueno, si el río suena…” diría Mirtha Legrand.
Pero hay más: antes de mudarse a esa casa, la familia habría alquilado otra dentro del mismo country por unos 2.000 dólares mensuales durante más de dos años. Hacé la cuenta: más de 50 lucas verdes en alquiler. ¿Ahorros declarados? 42.000. Y acá entra el clásico: “no me cierran los números, Susana”.
Mientras tanto, la casa nueva —según el relato— fue comprada, refaccionada a cero y estrenada en noviembre de 2024. Todo en tiempo récord. Todo muy prolijito… o demasiado.
Pero si pensabas que ahí terminaba, agarrate.
Pagano también puso el foco en la famosa “consultora” de la esposa de Adorni. Creada —oh casualidad— cuando él empieza a escalar en el poder. ¿Clientes? Empresas vinculadas al Estado: Banco Nación, Banco Central, la propia Cámara de Diputados y hasta YPF.
Un circuito cerrado. Un “entre nosotros” que, como decía Tato Bores, “si lo explicás bien, parece joda… pero no lo es”.
Y la comparación no fue menor: la propia Pagano lo ligó a maniobras que en su momento escandalizaron al país, como las que involucraron a Lázaro Báez. Cambian los rubros —de la construcción al coaching ontológico— pero la sospecha, según ella, es la misma: negocios que giran alrededor del poder como calesita de plaza.
La diputada también tiró una bomba política interna: habló de “arribistas” dentro del espacio, apuntando directamente a los Menem y al propio Adorni como figuras que —según su visión— desplazaron a quienes venían trabajando desde el arranque.
Ahí es donde la cosa pasa de denuncia a novela de poder. Porque Pagano no sólo habla de números: habla de internas, de traiciones, de una guerra silenciosa alrededor de Karina Milei, donde —según deja entrever— se cocina buena parte del verdadero poder.
Y cuando le preguntaron si esto es excepción o regla… no dudó: “son facilitadores de negocios”. Cortita y al pie.
Una frase que, en la jerga del barrio, significa: “acá hay algo que huele raro”.
Pagano también dejó en claro que advirtió estas situaciones puertas adentro. Que habló. Que alertó. Pero como tantas veces en la historia argentina, nadie quiso escuchar. O peor: eligieron mirar para otro lado.
Y ahí aparece esa sensación tan nuestra, tan repetida: “esto ya lo vimos”.
Porque como decía Enrique Pinti, “en este país no pasan cosas nuevas… pasan cosas iguales con gente distinta”.
EL VEREDICTO DEL ARCHIVÓLOGO
Mirá, esto no es un escándalo más. Esto es de esos capítulos que, si se comprueba, quedan en la historia. De los que después te dicen: “¿te acordás cuando empezó todo?”.
Pagano jugó fuerte. Muy fuerte. No tiró un tuit al voleo: armó una denuncia, puso datos, nombres, números y contexto. Se plantó. Y en un ecosistema donde muchos se hacen los distraídos, eso pesa.
Ahora bien… en Argentina ya conocemos esta película. Arranca con denuncias, sigue con tapas, explota en prime time… y después, si la Justicia no actúa, queda en la nada. “Pasa, pasa, pasa… y nada pasa”, como decía el Diego.
Pero si aunque sea una parte de todo esto es cierto… estamos ante algo grosso. No un chisporroteo. Un incendio.
Y como diría el viejo refrán tribunalicio de la calle:
“El que no tiene nada que ocultar… no anda explicando tanto.”
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