por Picus Hernán.
Basurales a cielo abierto en La Matanza: el abandono como política
En La Matanza, los basurales a cielo abierto ya no son una consecuencia del crecimiento urbano ni un problema circunstancial: son el resultado directo de la desidia, la falta de planificación y la ausencia total de control por parte del gobierno municipal. Lo que debería ser una política pública básica —la gestión de los residuos— se ha transformado en una postal permanente de abandono en decenas de barrios del distrito.
Terrenos fiscales convertidos en focos infecciosos, esquinas tomadas por montañas de basura, márgenes de arroyos colapsados de residuos y humo tóxico producto de la quema constante. Esta es la realidad cotidiana que enfrentan miles de vecinos mientras el Estado local mira para otro lado. No se trata de hechos aislados ni de episodios excepcionales: es una situación estructural que se repite año tras año.
Riesgo sanitario, silencio oficial
Los basurales a cielo abierto son una amenaza directa a la salud pública. Ratas, moscas, mosquitos y animales sueltos y otros muertos, proliferan sin control, aumentando el riesgo de enfermedades respiratorias, infecciosas y dérmicas. A esto se suma la quema ilegal de residuos, una práctica habitual ante la falta de respuestas oficiales, que libera sustancias tóxicas en zonas densamente pobladas.
Los reclamos vecinales se acumulan al mismo ritmo que la basura. Denuncias formales, pedidos a delegaciones municipales y notas presentadas sin respuesta. La única presencia del Estado suele ser una limpieza ocasional, superficial, sin controles posteriores, que dura lo que tarda el basural en volver a formarse. No hay prevención, no hay sanciones y no hay seguimiento.
Contaminación y desigualdad
La contaminación del suelo y de las napas de agua es otra consecuencia directa de esta inacción. Muchos basurales se encuentran cerca de arroyos, agravando la contaminación hídrica y aumentando el riesgo de inundaciones. Mientras tanto, los barrios más postergados siguen siendo los más afectados, confirmando que en La Matanza la desigualdad también se mide en basura.
No existe una política integral de gestión de residuos. No hay campañas serias de concientización, no se promueve el reciclaje de manera sostenida y no se controlan los puntos críticos. La improvisación reemplazó a la planificación y el abandono se volvió norma.
Responsabilidades políticas
Este escenario no es casual. Tiene responsables políticos claros. Gobernar implica priorizar, controlar y dar respuestas. Cuando los basurales se multiplican y permanecen durante años, no se trata de falta de recursos: se trata de falta de voluntad. La ausencia del Estado municipal en este tema es tan evidente como alarmante.
La Matanza no necesita parches ni operativos para la foto. Necesita una política ambiental seria, sostenida en el tiempo, con inversión, controles reales y participación comunitaria. Seguir ignorando el problema es condenar a miles de familias a vivir entre la basura y la contaminación.
Basta de mirar para otro lado
Los basurales a cielo abierto son una muestra concreta del modelo de abandono que padecen muchos barrios del distrito. No se puede hablar de inclusión, desarrollo ni justicia social mientras haya vecinos respirando humo tóxico y conviviendo con residuos frente a sus casas.
La situación exige decisiones urgentes y un cambio profundo en la forma de gestionar el municipio. Callar frente a esta realidad es ser cómplice. Y en La Matanza, la paciencia de los vecinos ya se agotó.
Fabián Reale
Dirigente político
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