9 de Julio: De la Independencia Real al Cinismo de Traje y Corbata
El 9 de julio de 1816, en una casa tucumana que quedaba lejos de todo, un grupo de representantes firmó un papel que rompía las cadenas con la monarquía española y «toda otra dominación extranjera». En aquel entonces, ser la Patria significaba poner el cuero, fundir las campanas para hacer cañones y bancar el hambre con tal de no rendir cuentas a ningún imperio. Era una gesta de barro, sangre y una convicción absoluta: la soberanía no se negocia.
Hoy, dos siglos después, la palabra «Patria» les queda gigante a los que la usan de cotillón.
El Relato vs. La Realidad
Es de un tupé insoportable ver a un gobierno celebrar las fechas patrias con discursos solemnes y banderas celestes y blancas, mientras por atrás pasa la motosierra y la liquidación por cierre. Hay que tener la cara de piedra para llenarse la boca hablando de los próceres mientras se hace exactamente lo contrario a lo que ellos defendieron:
El desmantelamiento del Estado: Dejar desamparados los recursos que nos pertenecen a todos.
La timba y el endeudamiento: Atar el futuro de las próximas generaciones a las recetas de afuera, las mismas que ya nos hundieron mil veces.
La entrega al mejor postor: Vender el patrimonio nacional a precio de remate, como si el país fuera una empresa en quiebra que hay que liquidar.
¿Qué patria se festeja cuando el pueblo que la habita está sufriendo? La Patria no es un mapa, no es un territorio vacío ni un feriado en el calendario: la Patria es la gente.
Un Festejo que Insulta
No se puede gritar «¡Viva la Patria!» con orgullo si las mesas están vacías, si los jubilados no llegan a los remedios y si los laburantes ven cómo se les escurre el futuro entre los dedos. Celebrar la independencia económica mientras se entregan las llaves del país es una provocación, un acto de cinismo puro.
Gobernar a favor del hambre y del bolsillo extranjero no es política; es, lisa y llanamente, ser antipatriota. La soberanía hoy se defiende cuidando a los de adentro, no rindiendo pleitesía afuera mientras el pueblo la pasa mal.
Que no nos vendan el espejismo: la verdadera independencia sigue siendo una deuda, y hoy más que nunca, se defiende resistiendo el remate.
Por Theo Tello
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