*Una interna que no interpela a nadie: Grabois, Mayra Mendoza y el vacío de liderazgo*

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Por Gus Reimon.

 

La pelea entre Juan Grabois y Mayra Mendoza volvió a poner bajo la lupa el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner, pero sobre todo dejó expuesta una discusión que no conecta con las urgencias sociales: una disputa de poder encapsulada, burguesa y bizantina, en la que el único ganador es Javier Milei.

 

El detonante fue una ordenanza municipal en Quilmes para regular el estacionamiento medido, desarmar el esquema informal de los llamados “trapitos” y avanzar en una licitación que, según el municipio, busca formalizar esa actividad con aportes jubilatorios y cobertura social. Una discusión local, técnica y administrativa que terminó escalando a un enfrentamiento político feroz dentro del propio campo kirchnerista.

 

El cruce entre La Cámpora y el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) no es un hecho aislado. Es un síntoma. El peronismo no logra encontrar calma ni dirección: los conflictos internos se multiplican, aparecen de manera inesperada y se encadenan a disputas cada vez más personalistas.

 

Esta vez, el choque tuvo como protagonistas a Grabois —dirigente social, diputado nacional y referente del MTE— y a Mayra Mendoza, ex intendenta de Quilmes y actual diputada provincial. Grabois responde formalmente a la conducción de Cristina Kirchner, pero nunca fue un dirigente vertical. No mide costos ni consecuencias cuando decide confrontar.

 

Mayra Mendoza, en cambio, encarna la lógica más orgánica del cristinismo duro y defendió su legitimidad política con dureza. “Fui elegida por los vecinos de Quilmes para ordenar este municipio”, sostuvo, al tiempo que marcó un límite personal y político: “Conmigo no va”.

 

El momento más tenso llegó cuando Mendoza puso en duda, sin eufemismos, la conducción real de Grabois dentro del espacio: “A veces dudo de cuál es tu conducción, Juan Grabois, y qué es lo que verdaderamente representás”. La frase no es menor. En el fondo, expone una crisis más profunda: la dificultad del kirchnerismo para ordenar a sus propias organizaciones sociales y para definir quién conduce, quién obedece y para qué.

 

Mientras tanto, los problemas estructurales —pobreza, informalidad, violencia territorial— siguen creciendo. Desde el municipio de Quilmes aseguran que la ordenanza busca ordenar y formalizar el trabajo. Desde el MTE denuncian criminalización de los sectores más vulnerables.

 

En el medio, hubo quema de neumáticos, enfrentamientos con la Policía, detenidos y episodios de extrema tensión, como el intento de incendio de un adorno navideño en Lanús bajo amenazas explícitas. Nada de esto fortalece al campo popular. Todo lo contrario.

 

Estas internas no construyen poder social ni amplían derechos: solo desgastan, confunden y alejan a una sociedad que mira con desinterés —cuando no con hartazgo— disputas que parecen ajenas a su vida cotidiana.

 

Mientras Grabois y Mayra Mendoza se disputan quién manda, quién representa a quién y bajo qué conducción, el gobierno libertario avanza sin resistencia real. En esa pelea encerrada sobre sí misma, el peronismo no interpela a la gente. Y cuando la política deja de hablarle a la sociedad, el vacío siempre lo ocupa otro. Hoy, ese otro se llama Javier Milei.

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