Por Gonzalo Guardia (El Archivologo)
Hay textos que no envejecen. No porque sean modernos, sino porque el ser humano sigue siendo el mismo bicho complicado de siempre. Una Duda Razonable entra en esa categoría incómoda y necesaria: la de las obras que no te dejan salir del teatro silbando bajito, sino pensando. Y eso, hoy, es casi un acto revolucionario.
La obra, adaptada por Ronald Heim —dramaturgo chileno con oficio y sensibilidad para meter el bisturí donde duele— toma como punto de partida el clásico inmortal “12 Hombres en Pugna” de Reginald Rose, esa pieza que desde 1954 viene preguntando lo mismo: ¿qué tan liviana o pesada puede ser una duda cuando hay una vida en juego?
Porque, como decía Discépolo, “el mundo fue y será una porquería, ya lo sé”, pero el teatro insiste en discutirlo.
La historia es conocida, pero nunca gastada: doce integrantes de un jurado deben decidir si un adolescente es culpable de haber matado a su padre. Once creen que sí. Uno duda. Y esa duda —razonable, incómoda, casi molesta— empieza a desarmar prejuicios, certezas heredadas, broncas de clase, miedos y miserias personales.
La versión de Una Duda Razonable ya tuvo una primera vida escénica en Chile, donde fue muy bien recibida por su lectura contemporánea y su mirada coral, con jurado mixto, algo que aggiorna el conflicto y lo vuelve todavía más filoso. En Buenos Aires, bajo la dirección de Moncho Mazuela Falchetti, la obra encuentra una nueva temperatura: más porteña, más áspera, más de debate de sobremesa que se va de las manos.
Mazuela Falchetti entiende algo clave: acá no hay héroes ni villanos claros. Hay personas. Y cuando eso pasa, el teatro funciona.
El escenario se llena de voces, cuerpos y tensiones con un elenco sólido, diverso y comprometido, donde cada intérprete aporta una capa más al conflicto:
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Hernán Altamirano – @altamiranohernan
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Juan Lucero – @juan.lucero.50
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Mario Sosa – @mario.s.o.s
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Aldana Sosa – @aldanabsosa
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Mariana Pisano – @mariana.g.pisano
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Lucas Barrios – @lucas.barrios__
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Carlos Núñez – @carlos_nunezok
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Ludmila Duchini – @ludmiduchini
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Coque Loba – @coqueloba
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Tana Raschi – @raschi_ph
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Gloria Ibero – @gloriaibero
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Alexander MacFlecher – @alexander_mcflecher
Cada personaje es un espejo incómodo. Nadie queda limpio. Nadie sale ileso. Y ahí está el valor del trabajo actoral: no subrayar, no moralizar, dejar que el público haga el laburo.
La música original de Asako Asaki (@asakoasaki.kimura) acompaña sin invadir, marcando climas, silencios y respiraciones. Como debe ser. Porque en una obra así, a veces el silencio dice más que un parlamento entero.
La obra regresa con su segunda temporada en Buenos Aires, todos los viernes de enero y febrero a las 22:30 hs, en Teatro Buenos Aires (@teatrobuenosaires). Un espacio que se presta para este tipo de propuestas: cercanía, tensión, sensación de encierro. Como si el público también formara parte del jurado.
Y ahí está la trampa hermosa: salís del teatro y seguís deliberando.
Una Duda Razonable no busca respuestas. Busca preguntas. Y eso, en tiempos de certezas gritadas y verdades exprés, es casi un gesto de rebeldía. Como diría Fontanarrosa, “lo malo no es tener dudas, lo malo es no hacerse ninguna”.
Esta obra te recuerda que la justicia sin pensamiento es apenas un trámite, y que una duda —cuando es honesta— puede ser el último refugio de la humanidad. El teatro, una vez más, se sienta en el banquillo y nos mira fijo. Y nosotros, como siempre, decidimos qué hacer con eso.
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