Por Gus Reimon.
Europa en vilo ante la ofensiva geopolítica de Estados Unidos
DAVOS / WASHINGTON.— En un contexto de creciente fragilidad del orden internacional, Donald Trump volvió a sacudir el tablero global desde el Foro Económico Mundial de Davos. En plena tensión con Europa y la OTAN, el presidente estadounidense ratificó su intención de avanzar sobre Groenlandia, territorio autónomo bajo soberanía danesa y pieza estratégica del Ártico, al que llegó a definir sin rodeos como “nuestro territorio”.
Durante un discurso de más de una hora, seguido con atención por gobiernos, mercados y organismos multilaterales, Trump afirmó que Estados Unidos busca abrir “negociaciones inmediatas” para retomar la discusión sobre la adquisición de la isla y lanzó una advertencia directa a Dinamarca y a sus socios europeos: una negativa “tendrá consecuencias”.
“Estoy pidiendo un pedazo de hielo para la protección del mundo, y no nos lo quieren dar. Es un pedido muy pequeño comparado con todo lo que les hemos dado durante décadas. Pueden decir ‘sí’ y estaremos muy agradecidos, o pueden decir ‘no’… y lo recordaremos”, amenazó.
La frase condensó el núcleo de la política exterior trumpista: presión directa, bilateralismo forzado y uso del poder económico como herramienta de disciplinamiento geopolítico.
El Ártico como nuevo eje del poder global
Trump justificó su reclamo sobre Groenlandia en nombre de la “seguridad nacional estratégica” y la “seguridad internacional”, señalando el avance de Rusia y China en el Ártico. La región se ha convertido en uno de los principales espacios de disputa del siglo XXI: rutas marítimas emergentes por el deshielo, recursos energéticos, minerales críticos y posicionamiento militar.
Pero lo que encendió las alarmas en Europa no fue solo el fondo del planteo, sino la forma: una pretensión abierta de redefinir soberanías por fuera de los consensos multilaterales, con amenazas económicas explícitas.
Distensión táctica, presión intacta
Horas después, tras una reunión que calificó como “muy productiva” con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, Trump moderó el tono y habló de un posible “futuro acuerdo” por Groenlandia y la región ártica. En ese marco, anunció que no avanzará —por el momento— con los aranceles previstos contra Dinamarca y otros siete países europeos.
“Esta solución será beneficiosa para Estados Unidos y para todas las naciones de la OTAN”, escribió en Truth Social.
Sin embargo, en Bruselas la señal fue interpretada como una pausa táctica, no como un giro estructural. El mensaje de fondo permanece: Washington negocia desde la amenaza y el castigo económico.
Confusión y estilo trumpista
El discurso también dejó escenas de desconcierto. En uno de los pasajes más comentados, Trump pareció confundir Groenlandia con Islandia, atribuyéndole incluso responsabilidades sobre movimientos bursátiles estadounidenses.
La declaración generó perplejidad entre analistas y diplomáticos. Islandia es miembro de la OTAN, no tiene ejército y no forma parte de la disputa por Groenlandia. El episodio fue leído como una muestra del estilo trumpista: simplificación extrema, confusión conceptual y geopolítica convertida en consigna.
China advierte: “No a la ley de la selva”
Desde Beijing, la reacción fue inmediata. China advirtió que “el mundo no puede volver a la ley de la selva, donde los fuertes se aprovechan de los débiles”, en una crítica directa al avance del unilateralismo y las guerras comerciales.
El mensaje expuso el trasfondo del conflicto: la disputa por quién fija las reglas del orden global que viene y si ese orden se basará en normas, cooperación y organismos internacionales, o en la imposición directa del poder.
Davos y el síntoma del desorden global
En Davos, Trump no solo habló de Groenlandia. Expuso una concepción del mundo donde las alianzas son transaccionales, la soberanía es negociable y la presión reemplaza al consenso.
Europa quedó en vilo. La OTAN, tensionada. Y el sistema internacional, una vez más, enfrentado a una pregunta central:
¿hacia un mundo regido por reglas o hacia el retorno del poder sin mediaciones?
Groenlandia, más que una isla de hielo, se convirtió en símbolo de esa disputa.
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