Por la Dra. Gabriela Domínguez | Especial para Agencia de Guardia
Hola, mamis, papis, abuelas, tías, madrinas del alma. Acá les escribe la doctora Gabriela Domínguez, sí, la de los consultorios llenos de dibujos, juguetes y sonrisas. Porque si hay algo que aprendí en estos años de trabajar con los más chiquitos, es que la panza habla. Y cuando un niño no está bien, lo primero que nos avisa no siempre es con palabras… es con el cuerpo.
¿Cuántas veces escuchaste a tu hijo decir «me duele la panza» y lo primero que pensaste fue que comió de más, o que algo le cayó mal? Bueno, sí, puede ser. Pero muchas veces, la panza es la radio emocional de los chicos. Y cuando algo no anda bien en la escuela, en casa o en su mundo interior, ese malestar aparece ahí, en el centro mismo de su cuerpito.
El sistema digestivo de los niños: sensible y sabio
El intestino es como un segundo cerebro. Y en los chicos, eso se nota un montón. ¿Tu hijo está con cólicos, diarrea, estreñimiento o náuseas sin causa médica clara? Atenti: muchas veces se trata de estrés emocional, miedo, inseguridad o angustia.
📌 Algunos ejemplos reales del consultorio:
- Dolor de panza antes de ir al jardín = miedo a separarse.
- Estreñimiento persistente = necesidad de control o miedo a soltar.
- Vómitos sin causa médica = rechazo a una situación emocional.
¿Y qué podés hacer vos como mamá o papá?
- No minimices lo que sienten. Si te dicen que les duele, es real.
- Observá los momentos en que aparece el síntoma. ¿Es siempre antes de ir al cole? ¿Después de una pelea? Ahí está la clave.
- Hablá con ellos con ternura. A veces no tienen palabras para expresar lo que sienten, pero con un dibujo, un juego o simplemente estando al lado, se abren.
- Cuidá su alimentación. Menos ultraprocesados, más alimentos reales. Una panza con flora sana, es una panza feliz.
- No medicalices sin sentido. Un dolor de panza emocional no se calma con pastillas, se calma con amor, con presencia y con un oído atento.
¿Qué emociones afectan al sistema digestivo infantil?
- Miedo: se traba todo, desde el estómago hasta el intestino.
- Ansiedad: todo pasa demasiado rápido, incluso la digestión.
- Tristeza: se pierde el apetito o se busca comer por consuelo.
Y no te olvides de algo importante: los chicos absorben lo que pasa a su alrededor. Si hay tensión en casa, ellos la sienten, aunque no lo digan.
Tu hijo no es sólo cuerpo. Es cuerpo, emoción, energía, intuición y vínculo. Y muchas veces, lo que te está queriendo decir con su pancita es: «Mamá, necesito que me mires, que me escuches, que me abraces un ratito más».
No te desesperes, no sientas culpa. Solo escuchá. Estás haciendo lo mejor que podés, y eso, ya es un montón.
Hasta la próxima, con medicina, ternura y un par de galletitas caseras si hace falta,
Dra. Gabriela Domínguez
@ladocdelospeques
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