Por Eli B para Agencia de Guardia
El martes a la tarde, mientras en el Congreso el humo de los discursos se mezclaba con el de las bengalas, una imagen se clavó como puñal entre los escudos de Gendarmería: la cara de Pablo Grillo, la de Patricia Bullrich… y la de Norita Cortiñas, esa Madre Universal que desde hace casi un año sigue marchando, pero por las estrellas.
Sí, mientras los medios te cebaban el mate con el quilombo de la ley Bases, del otro lado del vallado hubo una intervención que dijo más que mil pancartas. Y que si no la viste, no es porque no estuvo, es porque el cerco mediático cada vez está más apretado. Como decía la abuela: “Cuando el río suena, es porque alguien está queriendo tapar algo”.
Las caras juntas en un mismo escudo no son casualidad, son un mensaje. Grillo, asesinado por la represión. Bullrich, ministra de mano dura. Y Norita, la presencia eterna de la ternura que camina con firmeza. Tres nombres. Tres símbolos. Y un país que se parte al medio entre los que quieren un Estado al servicio de las multinacionales y los que bancamos el derecho a vivir con dignidad, a protestar, a no ser barrido como si fuéramos mugre en la vereda.
Y mientras eso pasaba ahí, en Tierra del Fuego el Pollo Sobrero le ponía el cuerpo a otra lucha. Porque este gobierno, que llama «esenciales» a casi todos los trabajos solo para prohibir el derecho a huelga, no para. DNU 340/2025, le pusieron. Otro nombre frío para un golpe caliente al corazón del pueblo.
Decime si no te hace ruido que ahora todo sea “trascendental”. Como si cocinar, enseñar, o cuidar pibes fuera algo que no se puede interrumpir… salvo cuando te rajan, te bajan el sueldo o te explotan. Ahí sí, no son tan trascendentales, ¿no?
Sobrero fue clarito: “Acá no hay lugar para las medias tintas”. Que la CGT deje de sacar comunicaditos con tipografía vieja y ponga fecha ya a un paro de 36 horas con plan de lucha nacional. Porque si no salimos ahora, mañana capaz ya no nos dejan ni gritar.
Y mientras tanto, Norita en las pancartas, en las banderas, en la memoria, en los pasos. En cada calle que se corta, en cada plaza que se llena, en cada pibe que levanta la voz. Porque aunque el cuerpo se haya ido, su luz sigue marchando como una ronda que nunca se rompe.
Y ojo, que la historia no terminó. Dicen por ahí que más tarde, ya caída la noche, se vieron otras escenas. De esas que no se televisan. En un barcito paquete de Avenida Santa Fe, se cruzaron miradas entre generaciones, entre los que luchan hoy y los que nos abrieron el camino. Las secretarias de la memoria estaban ahí, escuchando y anotando.
Nosotros también estamos ahí. Porque este país, aunque lo quieran vender como chatarra, sigue teniendo alma. Y mientras haya memoria, calle y corazón, no nos van a callar ni con mil decretos.
Porque como decía mi tía de Villa Luro, “el que no llora, no mama… pero el que no lucha, no gana.”
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