Milei en Davos, a contramano del mundo

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Anacrónico, fuera de contexto global y alineado al trumpismo

Milei en Davos, a contramano del mundo

Por Gus Reimon.

DAVOS, Suiza.— Javier Milei volvió a pararse en el Foro Económico Mundial para repetir una prédica que ya no interpela al mundo real. En un Davos atravesado por debates sobre reindustrialización, crisis climática, guerras comerciales y Estados cada vez más activos en la economía, el presidente argentino eligió hablarle a un pasado que ya no existe.

 

Lo hizo, además, ante un auditorio semivacío. Apenas un centenar de personas escucharon su exposición, opacada por la intervención previa de Donald Trump, su principal aliado ideológico, quien se extendió más de una hora y media y desarticuló la agenda. Una escena casi simbólica: Milei llegando tarde, a contramano, a un mundo que ya giró de eje.

 

Durante su discurso, el mandatario defendió sin matices el capitalismo de libre empresa y volvió a cargar contra el Estado.

“Regular mata el crecimiento”, sentenció, como si Estados Unidos, la Unión Europea y China no estuvieran aplicando hoy los mayores paquetes de subsidios, protección industrial y planificación estratégica de las últimas décadas.

 

Moderación estética, rigidez ideológica

 

Es cierto que Milei se mostró más moderado en las formas que en ediciones anteriores. Traje oscuro, discurso menos exaltado, tono más calmo. Pero el contenido fue exactamente el mismo: demonización del “wokismo”, ataques indiscriminados a todo lo que no encaje en su cosmovisión y una visión profundamente reduccionista de Europa, a la que acusa de decadencia moral sin comprender su historia ni su cultura política basada en el diálogo y la tolerancia.

 

Justamente el diálogo era el eje central del Foro Económico Mundial 2026. Milei volvió a eludirlo.

 

“América salvará a Occidente”

 

El núcleo ideológico del discurso quedó expuesto cuando afirmó que “América será el faro que ilumine a Occidente”. La referencia a Estados Unidos —y en particular a Donald Trump— fue explícita. Lo que Milei omitió fue mencionar el impacto global negativo que tuvo, ese mismo día, la caótica intervención de su aliado norteamericano, que generó incomodidad y preocupación entre los asistentes.

 

Para Milei, ese no es un problema: es el modelo.

 

Soberanía en oferta

 

El punto más grave llegó cuando sostuvo que las empresas tienen derecho a apropiarse de lo que “descubren” en nombre de su creatividad empresarial. Traducido a la realidad: recursos naturales, energía y bienes estratégicos puestos al servicio del capital global.

 

No es liberalismo clásico.

Es renuncia a la soberanía, contradicción abierta con tratados internacionales y habilitación explícita para que las corporaciones se lleven recursos sin contrapartida para los Estados.

 

Milei no fue a Davos a defender los intereses de la Argentina. Fue a ofrecerla, con entusiasmo y sin matices.

 

Relato para exportación, crisis puertas adentro

 

Mientras en Suiza se vendía el mito de que “ya no se regala pescado”, en la Argentina los datos cuentan otra historia:

 

– Más de 6 millones de personas continúan dependiendo de planes sociales.

– La AUH aumentó más de 500% durante su gestión, empujada por la inflación.

– El Estado no se retiró: asiste más, porque si no lo hace, el tejido social colapsa.

 

No hay creación masiva de empleo formal.

Hay salarios pulverizados, consumo destruido y contención social vía transferencias.

 

En criollo:

no están enseñando a pescar.

Están repartiendo pescado más caro, más chico y con discurso motivacional encima.

 

Davos fue, una vez más, el escenario donde Milei habló para afuera. El problema es que el mundo ya no escucha… y adentro, la realidad golpea cada vez más fuerte.

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