Mientras el Gobierno vende optimismo, la gente brinda con tristeza

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El termómetro de la calle desmiente el relato oficial: no se llega a fin de mes y las Fiestas se viven en modo supervivencia

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Por Gus Reimon.

Mientras el Gobierno insiste en hablar de recuperación, brotes verdes y “ánimo social en alza”, la calle muestra otra cosa. Los datos de la encuesta nacional de Giacobbe son contundentes: millones de argentinos llegan a las Fiestas sin alegría, sin regalos y sin margen económico. No hay clima festivo ni expectativa de celebración. Hay cansancio, duelo, angustia y una preocupación central: comer, pagar impuestos y sobrevivir. El brindis, si existe, es apenas un gesto vacío que no logra tapar la tristeza.

 

Las Fiestas de fin de año suelen funcionar como un termómetro social. Y este diciembre, lejos de marcar euforia o alivio, la aguja señala malestar. El Informe Público “Fiestas Diciembre 2025” de Giacobbe Consultores pone números a una sensación extendida: la sociedad argentina está emocional y económicamente golpeada, muy lejos del optimismo que se intenta instalar desde el poder.

 

Aunque el 44,8% define la Navidad como un evento familiar y más del 80% espera reunirse con su familia, ese deseo convive con una carga emocional profunda. Reunirse no es sinónimo de estar bien. En muchos casos, es simplemente cumplir con un ritual en medio de un contexto adverso.

 

El dato más revelador —y menos mencionado en los discursos oficiales— es que el 47,4% afirma que lo que más afecta negativamente las Fiestas son los duelos y las ausencias, incluso por encima de la situación económica (28,6%). Las Fiestas exponen lo que falta: personas que ya no están, vínculos rotos, proyectos truncos. La tristeza no es un fenómeno individual, es colectiva.

 

Pero la economía atraviesa todo. El 58,8% de los argentinos no comprará regalos, y apenas un 8,7% gastará más que el año pasado. No se trata solo de consumo: el regalo es un símbolo. Cuando desaparece, habla de un país que ajusta hasta en los gestos más básicos. La Navidad ya no se planifica: se sobrevive.

 

El informe también muestra una fractura silenciosa en los vínculos. Solo la mitad de los encuestados (50,6%) se reúne con personas que realmente elegiría, mientras que el resto acepta encuentros forzados o directamente evita reunirse. Incluso las diferencias políticas, que el relato oficial suele minimizar, pesan: un 11,8% evita reuniones familiares por ese motivo.

 

El dato que sintetiza el clima social es brutal: el 17,5% no disfruta ninguna de las dos fiestas, ni Navidad ni Año Nuevo. Casi dos de cada diez personas atraviesan diciembre sin alegría. Ese número no aparece en los spots oficiales, ni en los programas de televisión, ni en los balances triunfalistas. Pero está ahí, firme, como una señal de alarma.

 

Las Fiestas 2025 no muestran una sociedad estallada, pero sí una sociedad cansada, emocionalmente desgastada y económicamente asfixiada. No hay celebración del ajuste, ni entusiasmo por las promesas. Hay mesas más chicas, compras medidas, silencios largos y una tristeza que no entra en ninguna estadística macroeconómica.

 

Insistir con un discurso de optimismo obligatorio frente a este escenario no es ingenuidad: es negación. Porque mientras el Gobierno habla de futuro, millones de argentinos viven el presente con angustia, calculando si alcanza para comer, pagar impuestos y llegar al próximo mes.

 

El informe de Giacobbe deja una conclusión incómoda pero clara: las Fiestas siguen siendo importantes, pero ya no alcanzan para tapar lo que duele. Y cuando una sociedad llega a ese punto, mirar para otro lado no es neutralidad. Es complicidad con el silencio.

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