Hay historias que no necesitan Photoshop emocional ni marketing de autoayuda. Historias que vienen con la tierra todavía pegada a los zapatos. Y ahí, en esa trinchera donde la vida te enseña a los golpes —como decía Olmedo: “si la mano viene pesada, bancala”— aparece Juan “Colo” Vila, un tipo que convirtió cada piña en impulso, cada ausencia en motor y cada laburo en escalón.
Porque el Colo no nació con “la suerte del campeón”, ni mucho menos. Si su vida fuera una biopic, el arranque tendría plano cenital de barrio bravo, patio de cemento y mesa flaca. Ese chico, que más de una vez tuvo que revolver basura con su hermano para morfar, terminó siendo el adulto que un día dijo: “A mí nadie me baja del caballo”. Y cumplió.
Hoy lo vemos firme, tranquilo, dueño de una seguridad que no es impostada sino conquistada. Al frente de NADIE NOS CONOCE, un streaming que conecta porque habla desde la verdad, con ese tono directo que acá en Buenos Aires nos gusta: sin caretaje, sin verso y con el corazón expuesto arriba de la mesa.
Pero para entender al Colo hay que hacer rewind.
Mientras muchos jugaban a la Play, él limpiaba vidrieras. Mientras otros heredaban contactos, él atendía un almacén. Y cuando a muchos les venía el bajón, él se subía a una grúa o se metía en una fábrica de masilla para madera. Todo servía, todo sumaba. Como decía Tato Bores: “Todo tiene que ver con todo”, y en la vida del Colo, cada oficio fue un ladrillo.
Después vinieron más capítulos: la Policía, el Real Estate, las obras multifamiliares, los negocios que se aprenden con calle y no en un PowerPoint.
¿El hilo conductor? Laburo. Mucho laburo. Del que deja manos ásperas y carácter sólido.
Y de pronto, como si la vida dijera “a ver qué hacés con esto”, apareció la formación. Primero, terminando la secundaria cuando otros la daban por perdida. Después, la universidad. Y más tarde esos títulos que uno escucha y piensa: “¿En qué momento hizo todo esto?”
Instructor de tiro.
Piloto comercial de avión.
Piloto comercial de helicóptero.
Miembro del Instituto de Auditores Internos.
Un cóctel raro, sí. Pero bien Colo: todo lo que pueda aprender, lo aprende. Todo lo que pueda dominar, lo domina.
Hoy el Colo es muchas cosas a la vez, pero todas coherentes.
En NADIE NOS CONOCE, se sienta frente a cámara y te habla como quien te cruza en el chino: genuino, empático, fuerte, con ese estilo de “yo también estuve ahí”. No vende espejitos de colores. Abre puertas. Pregunta. Se mete donde otros esquivan. Por eso llega, por eso la gente lo escucha.
Y en paralelo, es Director Comercial de Diucko Digital y Loop Multimedios, donde mueve piezas, teje acuerdos, arma puentes y piensa negocios con precisión quirúrgica. Ese perfil que mezcla calle, entrenamiento y visión empresarial es su marca registrada.
En un país donde todo el mundo tiene “la historia de superación del año”, la del Colo se distingue porque no intenta ser épica: es real. Creció con nada y construyó mucho. No heredó, se lo ganó. No mintió, mostró. No pidió permiso, avanzó.
“Lo atamos con alambre y anda igual” dicen los argentinos cuando hay que sobrevivir.
El Colo no lo ató con alambre: lo reconstruyó entero.
Hoy es conductor, ejecutivo, emprendedor, estudiante, piloto, instructor. Pero, sobre todo, es símbolo de algo que necesitamos recordar cada tanto: el origen es apenas la primera página, no el final del libro.
Juan “Colo” Vila es eso: un hombre que jamás olvidó de dónde salió, y que camina con la tranquilidad de quien sabe exactamente hacia dónde va. Y eso, en un país como éste, vale oro.
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