Por Gus Reimon.
En pleno inicio de la temporada alta, cuando miles de familias, trabajadores y turistas planifican sus vacaciones con meses de anticipación, Flybondi decidió suspender una cuarta parte de su programación. Fueron 125 vuelos cancelados en solo cuatro días, con más de 22 mil personas afectadas, sumado a retrasos constantes y reprogramaciones interminables.
Mientras tanto, la empresa intentó justificar el desastre hablando de “problemas operativos”, “disponibilidad de flota” y hasta del cierre temporal de Ezeiza… pero la realidad es que el modelo low cost termina siendo “low responsabilidad” cuando los usuarios pagan el precio.
En números fríos: operaron poco más de 520 vuelos y trasladaron cerca de 94 mil pasajeros, pero el impacto negativo es enorme. Dicen que están “dejando atrás su crisis financiera” y que sumarán cuatro aviones alquilados para el verano… Sin embargo, los niveles de demoras y cancelaciones siguen siendo alarmantes.
La pregunta es simple:
¿Libertad de mercado o libertad de cagarte la vida cuando ya pagaste el pasaje, reservaste hotel y armaste tus vacaciones?
En Argentina, una vez más, el ajuste no lo pagan las empresas: lo paga la gente.
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