Por El Colo Vila
Hay momentos en que el fútbol argentino se olvida de la memoria, y se comporta como un pibe caprichoso que rompe el juguete porque no le anda la pilita. Y eso, justamente eso, es lo que está pasando con River y con Marcelo Gallardo. Porque en estos días donde todo se mide en likes, resultados y paciencia de cotillón, pareciera que nadie recuerda quién fue el que devolvió la gloria, la identidad y el fuego sagrado al club.
Gallardo no necesita defensores, pero igual lo voy a decir: hay que bancarlo. No por nostalgia, sino por justicia. Porque el tipo se ganó el derecho a equivocarse, a callar después de una derrota, a procesar el bajón. El silencio del Muñeco tras el papelón contra Gimnasia no fue de derrota: fue de reflexión. Y el que conoce a Gallardo sabe que cuando se calla, está cargando la lanza. Lo hizo siempre: cuando le sacaron medio plantel, cuando lo criticaban por su intensidad, cuando lo daban por terminado… y terminó levantando copas en la cara de todos.
Hoy parece que la historia se repite. Cuatro derrotas seguidas, murmullos en las tribunas, caras largas y titulares que huelen a despedida. Pero, ¿de verdad alguien cree que el tipo que nos hizo campeones en Madrid se va a rendir porque no entró la pelota contra Gimnasia? Por favor. A Gallardo le pueden faltar goles, pero nunca huevos. Y eso, en Núñez, vale más que cualquier sistema táctico.
El hincha tiene memoria corta, y la dirigencia a veces peor. Pero River no puede darse el lujo de rifar su identidad cada vez que le tiemblan las piernas. Gallardo es River. Y cuando los resultados flaquean, hay que recordar de dónde venimos: de los años donde el club estaba partido, donde se festejaba empatar, donde la camiseta pesaba más que el orgullo. El Muñeco cambió todo eso. Nos devolvió la soberbia linda, la del que gana jugando.
Ahora se viene el Superclásico. Y los oportunistas ya afilan la guillotina: “Si pierde en la Bombonera, que se vaya”. ¿En serio? ¿Vamos a medir al técnico más ganador de la historia del club por un partido? ¿A Gallardo? Si gana, lo van a volver a poner en un pedestal. Si pierde, lo quieren jubilar. Argentina en su máxima expresión.
Pero yo digo otra cosa: hay que bancarlo incluso si pierde. Porque los procesos grandes no se cortan en la tormenta. Se sostienen. Se acompañan. River necesita menos ansiedad y más convicción. Los que hoy piden su cabeza son los mismos que coreaban su nombre con lágrimas en los ojos en Madrid. Y eso, hermano, se llama ingratitud.
Gallardo no está acabado. Está cansado, sí. Está molesto, seguro. Pero el fuego lo sigue teniendo. Y si hay alguien que puede dar vuelta esta historia, es él. Que no se confunda el silencio con resignación. A veces el que calla no se rinde, se concentra. Y el Muñeco, créanme, está pensando en volver a golpear donde más duele.
River tiene que bancar a su emblema. La dirigencia tiene que respaldarlo sin titubeos, el plantel tiene que responder en la cancha y el hincha tiene que volver a creer. Porque si lo dejamos caer ahora, no solo perdemos un técnico: perdemos la esencia que nos hizo grandes.
El fútbol argentino es cruel con sus próceres, los mastica y los escupe sin remordimiento. Pero esta vez, River tiene que ser distinto. Porque hay hombres que no se reemplazan con un cambio de sistema. Y Marcelo Gallardo es uno de esos.
Así que sí: que venga el Superclásico. Que lo enfrente el Muñeco, con la frente en alto y el corazón caliente. Porque si hay que morir, que sea con el nuestro en el banco. Como decía el Beto Alonso: “Esto es River, nene”. Y en River, los grandes no se bajan del barco en medio del temporal.
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