Un clima de descontento y desesperanza se apodera de la Policía Federal Argentina y otras fuerzas de seguridad. A pesar de las promesas de mejora del gobierno de Javier Milei y la ministra Patricia Bullrich, los efectivos sienten que su situación económica se deteriora día a día.
La falta de una cobertura de salud eficiente es uno de los principales motivos de preocupación. Los agentes deben enfrentar gastos médicos de su propio bolsillo, lo que agrava su ya precaria situación económica. En los pasillos de las comisarías se habla de posibles medidas de fuerza, pero el miedo a represalias y sanciones frena cualquier intento de protesta.
La situación es similar en policías provinciales, donde los efectivos deben hacer malabares para llegar a fin de mes. La exigencia de más horas, exposición y obediencia sin un salario digno genera un clima de tensión y desánimo. El relato oficial de un gobierno que apoya a las fuerzas de seguridad choca contra la dura realidad.
La situación es crítica y requiere una respuesta urgente. Los agentes de seguridad sienten que su sacrificio no es valorado y que su bienestar es ignorado. La pregunta es si el gobierno estará dispuesto a escuchar sus reclamos antes de que sea demasiado tarde.
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