
La columna de Fabián Reale
A la dirigencia política de Argentina:
La realidad es incómoda, pero hay que decirla sin rodeos: la política argentina le dio la espalda a su gente. Mientras millones de argentinos sobreviven, no viven, una parte importante de la dirigencia sigue encerrada en su propio mundo, discutiendo poder, cargos y conveniencias personales.
Hay barrios sin seguridad, hospitales sin insumos, escuelas que se caen a pedazos y jubilados que eligen entre comer o comprar medicamentos. Pero para muchos dirigentes eso no parece ser una urgencia. La urgencia es la rosca, la interna, el micrófono y la próxima elección.
Se llenan la boca hablando del “pueblo”, pero hace rato que no lo escuchan. Hablan de sacrificios, pero nunca empiezan por los propios. Exigen paciencia a una sociedad agotada, mientras siguen viviendo con privilegios que no están dispuestos a resignar.
Gobernar no es ocupar un cargo, es asumir una responsabilidad moral. Y hoy esa responsabilidad está siendo abandonada. No por falta de recursos, sino por falta de voluntad, de empatía y de coraje político.
La Argentina no está así por casualidad. Está así porque durante años se eligió mirar para otro lado, patear los problemas y sostener un sistema que protege a los de arriba y castiga a los que trabajan, producen y cumplen.
El pueblo argentino no está enojado: está cansado. Cansado de promesas incumplidas, de discursos vacíos y de dirigentes que solo aparecen en campaña. La paciencia social se agotó, y eso debería encender todas las alarmas.
Este no es un llamado amable. Es una advertencia. O la política vuelve a ponerse al servicio de los argentinos, o va a seguir perdiendo legitimidad, credibilidad y respeto. Y cuando eso pasa, la crisis deja de ser solo económica y pasa a ser institucional.
La Argentina no necesita salvadores ni relatos. Necesita dirigentes que se hagan cargo, que den el ejemplo y que gobiernen con la gente adentro, no con el pueblo afuera.
Fabian reale
Dirigente político
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