Por Gus Reimon
La compra de los 24 aviones F-16 por 300 millones de dólares —unos 441.000 millones de pesos al tipo de cambio actual— no es solo un gasto polémico: es la expresión más cruda de una política de defensa convertida en negocio privado, mientras las Fuerzas Armadas atraviesan el mayor éxodo y abandono institucional en décadas.
Una fuerza militar que se desangra
Mientras el Gobierno festeja la foto con aviones viejos como si fuera un salto tecnológico histórico, la realidad interna es otra:
18.000 efectivos abandonaron las Fuerzas Armadas en el último año.
Las razones son las de siempre, pero ahora multiplicadas:
Sueldos miserables, por debajo de la línea de pobreza.
Falta de recursos básicos para operar y entrenar.
Infraestructura deteriorada.
La obra social IOSFA al borde del colapso, con una deuda de 240.000 millones que deja a miles de familias sin atención.
La tropa huye por supervivencia, mientras el Ministerio de Defensa firma compras que huelen a negocio antes que a estrategia.
Un dato que agrava todo: el verdadero costo no es 300 millones
Jorge Taiana, exministro de Defensa y hoy diputado de Fuerza Patria, lo dijo sin vueltas en “Rayos X”, el programa de Raúl “Tuny” Kollmann por Radio 10:
“El verdadero costo de los F-16 es de 600 millones de dólares, pero sin armamento. El armamento se paga aparte en Estados Unidos y es todavía más caro. En total, la compra supera los 1.000 millones de dólares, por aviones obsoletos que no podrán usarse más de 10 años.”
Es decir:
La operación que el Gobierno vende como “eficiente” y “barata” podría superar los mil millones de dólares.
Y encima por un material que está en retirada en varios países y que llegará ya con fecha de vencimiento.
Colombia los rechazó: lo que otros desechan, Argentina lo compra
El medio especializado InfoDefensa reveló que la Fuerza Aérea Colombiana descartó exactamente estos mismos F-16 daneses.
Los motivos fueron claros:
Alto costo de modernización,
bloque de baja capacidad,
vida útil limitada,
y un paquete que sería obsoleto en pocos años.
Colombia —que económicamente está mejor que Argentina— dijo NO.
Argentina —con recortes en todas las áreas sensibles y un sistema de defensa en crisis— dijo SÍ.
Sin debate público.
Sin análisis parlamentario.
Sin transparencia.
Con mucho marketing y demasiados intermediarios.
El rol del brigadier Xavier Isaac
En este contexto, surge otro punto oscuro:
El brigadier Xavier Isaac, jefe de la Fuerza Aérea durante gran parte del proceso, fue señalado por su presunta participación en el negocio de los F-16.
Dentro de las propias Fuerzas, hay quienes sostienen que la operación se manejó con hermetismo, presiones y criterios que nunca se explicaron con rigor técnico. Para muchos, lo que debió ser una renovación real terminó siendo un negocio maquillado de modernización.
Nuevo capítulo: submarinos con sobreprecio
Como si no fuera suficiente, el reconocido ingeniero naval Raúl Podetti, exdirectivo del Astillero Río Santiago, denunció que el Gobierno negocia la compra de submarinos con sobreprecios millonarios.
El patrón se repite:
Contratos opacos.
Valores inflados.
Falta de auditorías independientes.
Funcionarios y proveedores beneficiados mientras las Fuerzas carecen de insumos básicos.
Podetti alertó que se trata de otra estafa institucional, un calco del escándalo F-16 pero ahora bajo el agua.
La ecuación del absurdo
Mientras tanto:
Los hospitales no tienen insumos.
Las escuelas se caen a pedazos.
El PAMI reduce prestaciones.
Los jubilados sobreviven con lo mínimo.
La discapacidad sufre recortes brutales.
Las provincias reciben menos fondos.
Pero para aviones viejos y submarinos sobrevaluados sobra entusiasmo y caja.
Pan y circo… pero sin pan
En Argentina, el Gobierno construye un show bélico sin ejército real, sin marina operativa y sin presupuesto sanitario ni social.
Un país con fuerzas vaciadas y equipamiento obsoleto es más vulnerable, no más fuerte.
Y un Estado que gasta miles de millones en fierros viejos mientras abandona a quienes los deberían operar, simplemente está usando la defensa como botín político y económico.
Los F-16 que Colombia descartó, acá se celebran como si fueran tecnología de punta.
Los submarinos que denuncian como sobrevaluados, acá se tramitan a puertas cerradas.
Y mientras tanto, los salarios militares no alcanzan ni para sostener a las familias.
Argentina compra humo caro.
Lo paga en dólares.
Y lo pagan, en silencio, los que menos tienen.
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