Por Gus Reimon.
En el país imaginario que intenta construir el Gobierno de Javier Milei, todo funciona. El consumo “explota”, los shoppings “estallan” y la gente “acompaña el ajuste”. Pero en la Argentina real, la que caminan millones de personas todos los días, la escena es muy distinta: supermercados y centros comerciales semivacíos a días de Navidad, persianas bajas y ventas en caída libre.
En las últimas horas, trolls vinculados al oficialismo comenzaron a difundir en redes sociales una imagen que supuestamente mostraría al shopping Alto Palermo colmado de gente. La intención es clara: instalar la idea de una recuperación del consumo que no existe. Sin embargo, la imagen es falsa. Se trata de una fotografía tomada en 2019 en un shopping de Estados Unidos, reciclada burdamente para sostener un relato que se cae a pedazos.
La operación no es ingenua. Frente a indicadores sociales y económicos alarmantes, el Gobierno necesita fabricar percepción, aunque sea a fuerza de mentiras. La realidad, en cambio, es contundente: el consumo masivo se desplomó, las familias priorizan alimentos básicos y servicios esenciales, y cualquier gasto no indispensable quedó fuera del alcance de amplios sectores de la población.
Diciembre de 2025, históricamente uno de los meses de mayor movimiento comercial del año, muestra postales inéditas: pasillos vacíos, promociones desesperadas y comerciantes que admiten que las ventas están muy por debajo incluso de los peores años de crisis. No hay “boom”, no hay “reactivación”, no hay “milagro libertario”.
El uso sistemático de fake news por parte del aparato digital del oficialismo no solo busca engañar: busca disciplinar. Instalar la idea de que “todo va bien” para que cualquier crítica parezca exagerada o ideológica. Pero la economía no se arregla con trolls ni con fotos falsas.
Mientras el Gobierno invierte energía en sostener un país de fantasía, la Argentina real se hunde en la recesión, el endeudamiento de los hogares y la pérdida constante del poder adquisitivo. La mentira puede circular rápido en redes, pero no llena carritos ni mesas.
La Navidad llega, pero el consumo no. Y por más imágenes truchas que difundan, la realidad —siempre— termina imponiéndose
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