*El DNU del Presidente Milei y el presupuesto que nadie explica*
Por Gus Reimon
El Gobierno nacional volvió a mover el tablero con un nuevo Decreto de Necesidad y Urgencia que, lejos de atender las urgencias sociales que atraviesan a millones de argentinos, refuerza el presupuesto de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) con cifras que dejan más preguntas que respuestas.
Según el anexo presupuestario al que accedimos —que forma parte del DNU firmado por el presidente Javier Milei— se autorizan *26.117 millones de pesos adicionales* bajo el programa “Información e Inteligencia”. Hasta ahí, podría discutirse la necesidad de fortalecer áreas sensibles del Estado.
El problema aparece cuando una lectura detallada revela gastos que, en el mejor de los casos, resultan llamativos, y en el peor, francamente indignantes. Entre las partidas asignadas se destacan:
– *350 millones de pesos para cubiertas y cámaras de aire.* ¿Qué tipo de actividad de inteligencia requiere semejante gasto en neumáticos? ¿Se prepara una flota paralela? ¿Es una inversión en espionaje… o en logística encubierta?
– *300 millones de pesos en prendas de vestir.* Mientras miles de jubilados rascan sus bolsillos para comprar medicamentos y docentes cobran salarios por debajo de la línea de pobreza, el Estado destina el equivalente al presupuesto de una escuela media durante todo un año para comprar ropa. ¿Uniformes? ¿Indumentaria táctica? ¿O un guardarropa digno de película de espías?
– *40 millones de pesos en utensilios de cocina y comedor.* También se contemplan gastos en ollas, platos y cubiertos. Para una dependencia del Estado cuya función es recolectar información estratégica, el menú de compras resulta, cuanto menos, intrigante.
La suba también contempla **63 millones en productos de papel y computación, 190 millones en útiles de oficina, 300 millones en elementos de limpieza y otros 67 millones en “productos químicos, combustibles y lubricantes”.
Todo esto en una Argentina donde escuelas rurales dan clases sin estufas y hospitales públicos suspenden cirugías por falta de insumos.
El Gobierno justifica el DNU en la necesidad de “fortalecer áreas críticas”. Sin embargo, nada indica que estas erogaciones respondan a una emergencia real. Por el contrario, parecen formar parte de una lógica que prioriza estructuras opacas antes que las urgencias de carne y hueso: jubilados que cobran la mínima, enfermeras sin insumos, docentes sin presupuesto, hospitales sin medicación y comedores comunitarios desbordados.
Porque, con la misma decisión política que habilitó este gasto, se podría haber aumentado las jubilaciones, reforzado los salarios de maestros y médicos, destinado fondos a escuelas, hospitales, medicamentos o comedores populares. Pero el DNU eligió otra prioridad. Una vez más, el Gobierno habla de austeridad… pero solo para los de siempre. Para el resto —los que manejan la sombra— el presupuesto sigue siendo ilimitado.
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