El Archivólogo Luis Brandoni y Patricio Contreras en «Buscavidas» (1984-1987)
Hay cosas que se nos quedaron pegadas como dulce de leche en el paladar de la infancia. Como el aroma a Poxipol en la mesa del viejo, como la voz de Muñoz relatando con el alma o como las puteadas de Tato cuando se nos caía la república. Buscavidas, el unitario de Canal 13 que se emitió entre 1984 y 1987, es uno de esos recuerdos que siguen ahí, dando vueltas como espirales de Raid en verano.
Con Luis Brandoni y Patricio Contreras al frente —una dupla con más química que Gatti y Maradona en una sobremesa— la serie contaba las andanzas de Beto, un ex empleado público con espíritu de poeta de almacén, y el “Chileno”, ese tipo con tonada extranjera y alma de tanguero que había cruzado la cordillera con una valija llena de sueños y un par de medias.
Juntos caminaban una Buenos Aires que parecía recién salida de la modorra del Proceso, con olor a democracia nueva y a colectivo 60 con ventanilla abierta. Era la primavera alfonsinista, el billete de 100 con Roca, el pan francés a 12 australes y la esperanza con olor a churrasco.
Creado por Jorge Maestro y Sergio Vainman y dirigido por Alberto Fischerman, Buscavidas fue un canto de amor al que se la rebusca. Porque antes que el coaching ontológico y los reels de autoayuda, estaba el rebusque criollo. Y ahí estaban ellos, como los tipos que uno ve en el café de la esquina: siempre con un plan que podía fallar, pero con el corazón bien puesto.
No eran ni héroes ni mártires. Eran eso que somos todos en el fondo: sobrevivientes emocionales. Tipos que le ponen el pecho a la olla vacía y a la vida medio llena. Como decía Minguito: “La gente no es boba, la gente es pobre”. Y Buscavidas lo entendía con una ternura que hoy escasea más que el vuelto de dos pesos.
El programa tenía ese tono justo entre el drama y la risa, como cuando mirás un gol de Palermo en una pierna y te dan ganas de llorar y abrazar a alguien. Cada capítulo era un cuento de Fontanarrosa con fondo de tango y música de fondo que te abrazaba el alma. Y pasaron todos: Luppi, China, Bruzzo… Un seleccionado que hoy valdría oro en cualquier plataforma de streaming con pretensión de culto.
Duró tres temporadas. Y quedó. Como quedó “¿Qué pretende usted de mí?” o “La pelota no se mancha”. Frases que no se tiran al voleo, se atesoran. Como se atesora este unitario que entendía algo básico pero profundo: que los verdaderos buscavidas no tienen título, pero sí calle. No tienen oficina, pero sí códigos. No tienen millones, pero sí historias.
El Veredicto del Archivólogo: Buscavidas fue esa serie que no necesitó explosiones. Porque tenía alma. Tenía olor a vida real. Y en una televisión que hoy se disfraza de contenido, Buscavidas era verdad. Pura, simple y hermosa. Como un abrazo que llega justo cuando lo necesitás.
— El Archivólogo
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