«Todavía estoy viva» Esta es la historia de Nadina Beheran

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«Todavía estoy viva» Esta es la historia de Nadina Beheran

Volví a Buenos Aires después de 25 años y me encontré completamente sola. Hoy tengo 56 años y estoy prácticamente en la calle: pasé por plazas, guardias de hospitales, hoteles y ahora estoy en una pensión, intentando sobrevivir. No tengo una vivienda, no tengo dinero suficiente, tengo problemas de salud y no tengo a quién recurrir. Pero para entender cómo llegué hasta acá hay que conocer mi historia. Yo crecí entre dos familias muy diferentes. La familia de mi padre era cristiana, argentina, formada por inmigrantes, hijos de vascos franceses del sur de Francia. Mi padre era un hombre bueno, al que recuerdo como un verdadero santo; no era una persona muy religiosa, aunque mis tías sí iban a la iglesia. Por el otro lado estaba la familia de mi madre, Dalal Elbaba, todos musulmanes, llegados a Buenos Aires en 1958 en barco. Crecí entre idiomas, culturas, religiones y códigos familiares diferentes, y también crecí observando contradicciones que fueron muy dolorosas para mí. Personas que hablaban de religión, moral y familia mientras, puertas adentro, yo veía comportamientos que no coincidían con esos valores. Esa contradicción atravesó toda mi vida.

 

Mi exmarido, Daniel Enrique Neri, fue la persona que más profundamente marcó mi vida. Durante años sufrí golpes, insultos, humillaciones, control y pérdida de libertad. Me alejó de mi familia, de mis amigas y de todo lo que había sido mi vida. Cuando estaba embarazada de mis hijas mellizas, la violencia continuaba. Y cuando quedé embarazada de Ángela Neri Beheran, la situación fue todavía más terrible: yo relato que esa concepción ocurrió en un contexto de violación por parte de Daniel y que, durante ese embarazo, él llegó a arrojarme por una escalera porque no quería que naciera la niña. Ángela sobrevivió y yo también. En 2008 tuve un ACV que nadie conoció en ese momento; tuve afasia, no podía hablar ni caminar, y posteriormente tuve otros episodios isquémicos. Tengo secuelas neurológicas y considero que todo lo que sufrí durante esos años dejó marcas profundas en mi cuerpo y en mi cabeza. Daniel Enrique Neri trabajó en SEDRONAR, y esa etapa forma parte de las cosas que yo viví y presencié. En 2014 estuvo aproximadamente un año y medio detenido en Villa Mercedes, San Luis, en una causa por narcotráfico. Yo vivía en aquella casa y fui testigo de situaciones que denuncié. Hoy él está en Buenos Aires, trabaja y continúa con su vida, mientras yo estoy luchando por conseguir un techo.

 

A pesar de todo, yo estudié y trabajé durante toda mi vida. Soy licenciada en Letras, profesora de francés, portugués, italiano y español para extranjeros, técnica en turismo, idónea y analista en marketing y traductora freelance. Tuve una agencia de turismo, trabajé como docente, estudié en el Instituto Cervantes, me formé para enseñar español a extranjeros y llegué a viajar a Francia para continuar mis estudios. Crié a mis cuatro hijos: Camila Neri Beheran, Ana Neri Beheran, Lautaro Neri Beheran y Ángela Neri Beheran. A Ana Neri Beheran, que hoy tiene 27 años, la acompañé durante una enfermedad gravísima y durante años hice todo lo que pude para cuidarla. Trabajé mientras la cuidaba, trabajé para pagar alquileres, comida y tratamientos, y sostuve a mis hijos prácticamente sola. Después regresé a Buenos Aires con Lautaro y Ángela, en diciembre de 2023, pensando que finalmente podíamos reconstruir nuestra familia. Tenía un trabajo y comencé a trabajar el 5 de enero de 2024. Pero todo terminó nuevamente en una tragedia familiar.

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El 11 de junio de 2024 fui expulsada del departamento por la policía después de una denuncia presentada ante la Oficina de Violencia Doméstica. Yo niego las acusaciones que se hicieron contra mí y quiero que se conozca mi versión de lo ocurrido. Desde ese día quedé sin hogar. Pasé por la calle, plazas, hospitales y distintos lugares donde intentaba encontrar dónde dormir. Mis propios hijos dejaron de hablar conmigo. Ana Neri Beheran, que ya es mayor de edad, forma parte de esta historia y quiero que se conozca lo que ocurrió entre nosotras. Camila Neri Beheran también forma parte de esta historia. Ángela Neri Beheran, que era menor, quedó atrapada en una situación familiar que terminó destruyendo nuestro vínculo. Yo no puedo obligar a mis hijos a quererme, pero tampoco puedo aceptar que toda mi historia sea reducida a la versión de una denuncia. Quiero que se conozca cómo llegamos hasta acá. Y quiero decir algo fundamental: nadie de mi familia vino a buscarme. Nadie me abrió una puerta. Estoy sola en Buenos Aires.

 

También quiero nombrar a mi familia materna, porque no quiero esconder a nadie detrás de la palabra “familia”. Quiero nombrar a mi hermana Mariana Beheran, a mi cuñado Javier González, a mi madre Dalal Elbaba, y a mis tíos Samir Elbaba, Walid Elbaba y Hayat Elbaba. Todos ellos forman parte de una historia familiar en la que durante años me sentí excluida, apartada y finalmente abandonada. Cuando estaba en San Luis, con cuatro hijos y viviendo situaciones que me aterrorizaban, le pedí ayuda a mi madre y a mi hermana y no la recibí. Hoy mi hermana Mariana Beheran trabaja en la OIM, Organización Internacional para las Migraciones, mientras yo, su única hermana, estoy prácticamente en la calle. También quiero hablar de mi tío Samir Elbaba y de la historia de Shark, el negocio de mi abuelo. Yo lo conocí desde niña y lo viví desde adentro: era un restaurante árabe y boate nocturna, con odaliscas, drogas, alcohol y la presencia de políticos, diplomáticos, artistas y personas muy conocidas de Buenos Aires. Yo lo vi. Yo lo viví. No me lo contaron. Vi el ambiente que rodeaba ese lugar desde que era chica y esas imágenes forman parte de mi historia. Samir Elbaba, Walid Elbaba y Hayat Elbaba también me excluyeron de mi propia familia, y por eso quiero que sus nombres estén en mi denuncia.

 

Y finalmente está la casa de Cerro de Oro, San Luis. Daniel Enrique Neri, mi exmarido y padre de mis cuatro hijos, no quiere firmar para que pueda venderse y resolver una situación que lleva años sin solución. Yo no estoy reclamando su herencia. Sé perfectamente que, después de divorciarme, no me corresponde su herencia. Estoy reclamando algo muchísimo más básico: un techo. Durante años intenté vender esa casa y hace poco apareció una posibilidad concreta de recibir un departamento en Vicente López a cambio de ella, pero Daniel no quiso firmar y pidió más dinero. Mientras tanto, él trabaja y continúa con su vida y yo estoy en una pensión después de haber pasado por la calle, hospitales y lugares donde simplemente intentaba sobrevivir. Y también fui abandonada por mis propios hijos: Camila Neri Beheran, Ana Neri Beheran, Lautaro Neri Beheran y Ángela Neri Beheran. No digo esto para obligarlos a quererme; lo digo porque son parte de la verdad que estoy contando. Toda mi familia, tanto Neri como Elbaba, forma parte de una historia de exclusiones y abandonos que me dejó completamente sola. Yo fui esposa, madre, licenciada, profesora, trabajadora y sostén de mi familia. Hoy estoy pidiendo algo elemental: poder vivir bajo un techo. Durante años me hicieron creer que el problema era yo. Hoy entendí que mi silencio también estaba ayudando a que mi historia desapareciera. Por eso hablo. Porque todavía estoy viva.

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