
Deborah, una mamá de 41 años de Merlo, Buenos Aires, ha encontrado en la música un refugio para desahogarse y seguir adelante en momentos difíciles. Con cuatro hijas que son su motor, Deborah se animó a transformar su dolor y decepción en una canción que busca acompañar a otros en situaciones parecidas.
La canción nació en un momento muy personal, cuando Deborah necesitaba encontrar un escape para su cansancio y dolor. «Pensé en mis hijas, en todo lo que luchamos juntas y en tantas personas que están pasando situaciones parecidas», cuenta Deborah con lágrimas en los ojos.
Con su voz emotiva, Deborah busca transmitir un mensaje de esperanza y superación. «Mi deseo al compartirla es que quien la escuche se sienta comprendido y acompañado», dice. Y es que la música tiene ese poder: sanar heridas y unir a las personas.
La historia de Deborah es un ejemplo de que incluso en los momentos más duros, siempre se puede volver a empezar. «Cuando uno canta lo que duele, también empieza a sanar», afirma con convicción. Y es que la música tiene ese poder de transformación.
La canción de Deborah es un himno a la resiliencia y la superación. Un recordatorio de que no estamos solos y que siempre hay una luz al final del túnel. «Recuerde que incluso en los momentos más duros siempre se puede volver a empezar, porque cuando uno se anima a expresar lo que duele, también empieza a sanar», concluye Deborah con una sonrisa.
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