Por Gus Reimon.
El dirigente social Luis D’Elía, con una extensa trayectoria en el campo nacional y popular, lanzó una dura crítica contra La Cámpora, a la que definió como una estructura política sin inserción territorial real, construida desde el poder del Estado y atravesada por un fuerte dogmatismo interno.
Según D’Elía, La Cámpora no responde a un proceso de construcción militante clásico ni a una acumulación desde las bases, sino a un esquema vertical sostenido por el control de cargos públicos. “Es una organización construida de arriba para abajo, con alrededor de 25 mil cargos en distintos niveles del Estado”, sostuvo, marcando una diferencia sustancial con las experiencias históricas del peronismo territorial.
El dirigente fue aún más allá al cuestionar lo que considera uno de los rasgos centrales del espacio:
“El fanatismo contrarrevolucionario y acrítico es su principal característica”.
En ese sentido, advirtió que La Cámpora reproduce una nostalgia setentista vaciada de contenido transformador, más ligada al relato y a la estética que a una práctica política concreta orientada a la organización popular y la disputa real del poder económico.
Otro de los puntos más filosos de su análisis apunta a la composición social del espacio:
“Es una organización sin inserción territorial, con un claro predominio blanco y pequeño burgués”, afirmó, señalando la distancia entre la dirigencia camporista y los sectores populares que históricamente constituyeron la base del movimiento nacional.
Finalmente, D’Elía apuntó directamente contra el liderazgo de Máximo Kirchner, a quien caracterizó con una definición que sintetiza su crítica política y simbólica:
“Máximo es un patrón de estancia”.
Las declaraciones reavivan un debate profundo dentro del campo popular sobre los límites del kirchnerismo, el rol de las organizaciones políticas surgidas al calor del Estado y la necesidad —según D’Elía— de volver a una construcción con los pies en el territorio, lejos del aparato y más cerca del pueblo.
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