La CIDH exige al Estado argentino devolver tierras wichís usurpadas: el Chaqueño Palavecino, en el centro de la denuncia

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La CIDH exige al Estado argentino devolver tierras wichís usurpadas: el Chaqueño Palavecino, en el centro de la denuncia

Por Gus Reimon.

Mientras se muestra cercano al poder político y construye una imagen pública de identidad popular, Oscar “Chaqueño” Palavecino enfrenta graves denuncias por la apropiación de tierras ancestrales pertenecientes a comunidades wichís del norte de Salta. La Corte Interamericana de Derechos Humanos ya emplazó al Estado argentino a cumplir con la restitución de esos territorios.

La Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) volvió a poner al Estado argentino frente a una deuda histórica: la restitución de las tierras ancestrales de las comunidades originarias nucleadas en Lhaka Honhat. En ese marco, el nombre del cantante folklórico Oscar “Chaqueño” Palavecino aparece señalado por caciques y referentes wichís como responsable directo de la ocupación y apropiación de parte de esos territorios, en abierta contradicción con fallos internacionales y leyes nacionales vigentes.

Según denuncian las comunidades del norte salteño, el avance sobre las tierras no fue simbólico ni aislado, sino consolidado mediante ocupaciones compulsivas, presión territorial y hechos consumados, ejecutados —afirman— por personas allegadas al artista, que actuaron como un verdadero “brazo ejecutor” mientras el Estado provincial y nacional miraban para otro lado.

Un fallo incumplido y una restitución bloqueada

El fallo de la CIDH es claro: las tierras deben ser restituidas a las comunidades indígenas. Sin embargo, la implementación está paralizada, no se entregaron títulos comunitarios y los conflictos territoriales siguen abiertos. En ese escenario, Palavecino desconoce públicamente el fallo internacional, minimiza la emergencia territorial indígena y se ampara en figuras legales precarias como el “comodato” para justificar una ocupación que las comunidades consideran lisa y llanamente ilegítima.

“No hay papeles comunitarios, pero sí denuncias reiteradas, intimidaciones y presión constante”, señalan referentes wichís, que advierten que el avance criollo continúa mientras la restitución ordenada por la Corte permanece congelada.

Folklore, poder y silencios incómodos

La figura del Chaqueño Palavecino expone una contradicción profunda: un artista asociado al folklore, a lo popular y a la identidad del norte argentino, señalado al mismo tiempo por comunidades originarias como partícipe de un proceso de despojo territorial histórico. Su cercanía con sectores de poder político y económico refuerza, según denuncian, un esquema de impunidad que posterga derechos indígenas reconocidos internacionalmente.

La CIDH no solo cuestiona hechos individuales, sino la responsabilidad del Estado argentino por permitir que estas situaciones se perpetúen. La falta de acción estatal consolida el abuso y convierte el incumplimiento del fallo en una política de hecho.

Una deuda que sigue abierta

Años después del fallo, las tierras no volvieron a manos de sus legítimos dueños, los pueblos originarios siguen resistiendo y el conflicto se profundiza. La pregunta ya no es jurídica, sino política:

¿hasta cuándo el Estado argentino seguirá incumpliendo una sentencia internacional para proteger intereses privados, incluso cuando estos se visten de cultura y tradición?

La restitución de las tierras wichís no es una concesión: es una obligación legal y moral. Y cada día de demora consolida un despojo que la Corte Interamericana ya calificó como una violación a los derechos humanos.

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