Hay cosas que en la Argentina nunca pasan de moda: el dólar blue, el asado del domingo y el “después vemos”. Y ahora se suma otro clásico instantáneo: autos de alta gama entrando al país como turistas… y quedándose a vivir sin pagar alquiler. Hasta que apareció la Aduana y dijo basta. Archivo abierto.
La escena parece sacada de un VHS noventoso mal rebobinado: Camaro, Mustang, brillo, videoclips, redes sociales, fama prestada y papeles flojos. Cuatro autos de alta gama, valuados en más de 500 millones de pesos, secuestrados por la Dirección General de Aduanas en un operativo que terminó con dos detenidos, millones en efectivo, 20 mil dólares y un arma sin documentación. Todo muy Miami Vice, pero versión Paso de los Libres.
Los fierros estaban radicados en Paraguay, pero paseaban por el AMBA como si fueran del tío rico que “vive afuera”. Se usaban para alquiler y producciones audiovisuales, esos clips donde el auto no habla pero grita status. L-Gante, La Joaqui, la China Suárez y otros nombres del showbiz aparecen orbitando la historia. Ojo: nadie acusado por posar, pero el contexto habla solo. Como decía el Negro Olmedo: “yo no lo dije, lo pensaste vos”.
El operativo fue de esos que hacen ruido: cinco allanamientos simultáneos, Aduana, Migraciones, DGI, Policía de la Ciudad, todos juntos como Los Intocables pero con Excel y precintos. La causa, instruida por el fiscal Marcelo Bernachea y avalada por el juez Marcelo Cardozo, destapó una operatoria vieja como el contrabando mismo: entraban los autos bajo el régimen turístico del Mercosur, el conductor volvía… el auto se quedaba. Magia.
Detrás del telón, dos personas radicadas en CABA, muy activas en redes, mostrando autos, alquilándolos, facturando glamour pero sin actividad económica declarada. Uno incluso se presentaba como dueño de una productora de “eventos multitudinarios”. Multitudinarios sí… cuando llegaron los allanamientos.
Esto no es nuevo. El Archivólogo lo anota al margen: en los ‘90 eran videoclips de cumbia e importados truchos; hoy son reels, hashtags y muscle cars. Cambia el formato, no la picardía. Como decía Tato Bores, “no somos corruptos, somos creativos”. Hasta que la creatividad choca contra la Aduana.
Los autos ahora están secuestrados, el dinero contado y la historia archivada con rótulo grueso: “lujo ilegal con final previsible”. Porque en este país podés hacerte el vivo un tiempo, pero siempre aparece alguien que te pregunta: “¿y los papeles?”.
Esta crónica queda guardada en el archivo grande, ese donde entran los vivos que se pasaron de rosca y los autos que brillaron más de lo permitido.
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