VERANO NEGRO EN LA FELIZ: CASERO, PELEA CON EL PRODUCTOR Y FUNCIÓN LEVANTADA CON LA SALA LLENA
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Mar del Plata siempre fue una ruleta rusa. A veces te consagra, a veces te mastica y te escupe en la peatonal. Y este 11 de enero de 2026, la temporada sumó un capítulo digno de antología: Alfredo Casero levantó todo, insultó a La Feliz y se volvió a Buenos Aires como quien abandona un asado porque el fuego nunca prendió.
Había arrancado con sonrisa, con promesa, con nostalgia noventosa. “Cha Cha Cha Edición Verano” debutó en el Teatro Carreras con producción de Giuliano Bacchi y la expectativa estaba por las nubes. Treinta años de un fenómeno que marcó a fuego al humor argentino, que llenó el Movistar Arena, que se volvió meme antes de que existieran los memes. Todo parecía encaminado. Pero algo se rompió en el medio. Y cuando Casero se rompe… explota.
La frase cayó como baldazo: “Mar del Plata es una m…”. Sin filtro, sin anestesia, muy Casero. Acto seguido, desaparición escénica. Valijas hechas, ruta 2 y que siga el corso. Alacrán y el resto del elenco quedaron mirando el telón cerrado, literalmente sin laburo y con el público adentro. Sí, con la gente ya sentada en la sala. Función levantada, entradas devueltas y un silencio incómodo que ni el murmullo del mar pudo tapar.
Nadie entendía nada. Desde la producción, mutis total. Intentamos hablar con Bacchi, pero radio silencio. Como diría Minguito: “Cuando no atienden el teléfono, es porque el quilombo es grande”. La temporada, que estaba prevista del 8 al 26 de enero con funciones alternadas, quedó en stand by. Dudas, versiones cruzadas y bronca acumulada.
Este lunes empezó a aclararse el panorama. Casero se habría enfrentado fuerte con su productor. El detonante: problemas técnicos en el teatro, fallas que se repetían, condiciones que no estaban a la altura de un espectáculo que juega en primera. Casero, que no negocia ni el sonido ni el clima, dijo basta. Y cuando dice basta, no hay marcha atrás.
Lo paradójico es que Cha Cha Cha había llegado como la sorpresa que nadie esperaba. Una edición especialmente pensada para el público marplatense, exigente, memorioso, jodido. No era un refrito: era una curaduría fina, absurda, incómoda, bien fiel al ADN Casero. El regreso triunfal después de un año arrasador, más de 100 mil personas en teatro y millones de reproducciones online. Todo estaba dado. Todo… menos la paz.
VEREDICTO DEL ARCHIVÓLOGO: Mar del Plata no perdona, pero Casero tampoco. Cuando el humor se encuentra con la precariedad, gana el portazo. Esto no es solo un escándalo teatral: es la postal eterna de la temporada marplatense, donde el glamour dura lo que dura un cable mal enchufado. Como decía Tato Bores, “veranear en Argentina es un deporte de alto riesgo”. Y esta vez, el que se fue antes de que caiga el telón, fue Alfredo.