El 2026 arrancó sin pretemporada y con escándalo de vestuario. Martín Demichelis, ex DT de River, exzaguero de modales europeos y presente protagonista del runrún farandulero, quedó otra vez en el centro del ring mediático. Esta vez no por un cambio táctico ni por una conferencia tibia, sino por supuestos chats íntimos que se filtraron y prendieron fuego las redes como bengala en final perdida.
La escena es conocida y repetida, pero nunca deja de rendir: captura de pantalla, programa de chimentos, nombre propio y una frase que no admite mucha interpretación. “Cami, me encantás nena. Qué manera de mirarte, sos un fuego”. Directo al hueso. Sin VAR, sin corrección, sin doble cinco que tape el hueco. En Infama, Oliver Quiroz mostró el material y el efecto dominó fue inmediato. Twitter explotó, Instagram se llenó de lupa y el WhatsApp de los amigos hizo horas extras.
La destinataria: Camila Debenedetti, modelo joven, nombre que hasta ayer no decía nada y hoy está en boca de todos. El remitente atribuido: Demichelis, que venía de confirmar su separación de Evangelina Anderson, esa historia larga, familiar, con hijos, mudanzas y promesas de “para siempre” que en la vida real duran lo que duran. Como decía Moria, “el amor se termina, el archivo no”.
El contexto suma pimienta. Demichelis había elegido Punta del Este para bajar un cambio, descansar con sus hijos y hacer perfil bajo. Pero ya sabemos cómo es esto: el Este no es un retiro espiritual, es un escenario. Y cuando hay cámara, siempre hay función. Los mensajes circularon, el silencio se volvió ensordecedor y nadie salió a desmentir. Y en la Argentina, el silencio no es prudencia: es combustible.
No es la primera vez que el ex DT aparece vinculado a rumores. Mendoza, nombres sueltos, versiones cruzadas. Nada confirmado, todo comentado. Y en el medio, Evangelina Anderson, que eligió el camino más filoso de todos: no decir nada. Activa en redes, sonriente, firme, y con una frase previa que retumba como sentencia: “¡Ni loca vuelvo!”. Como diría Susana, “ya está, ya pasó”.
Demichelis, en cambio, parece atrapado en su propio fuera de juego. Cada paso, cada mensaje, cada silencio suma minutos en el noticiero del escándalo. El técnico prolijo quedó desordenado en la foto. Y en este país, cuando la imagen se corre, no hay pizarra que la acomode.
Los chats no ganan partidos ni separan matrimonios solos, pero dicen mucho del momento. Y el momento de Demichelis es este: más expuesto que nunca, sin red, con el pasado reciente pesando y el presente hablando por él. Porque en la era del screenshot, el que escribe caliente termina leyendo frío. Y como decía el Diego, “yo me equivoqué y pagué”. En la Argentina, además, se paga en cuotas mediáticas.
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