En Punta del Este no hay secretos: hay fotos borrosas, testigos oportunos y una frase que vuelve como un mantra de verano: “Todos con todos”. Y si lo dice Yanina Latorre desde Miami, con el celular caliente y la lengua filosa, no es rumor: es alerta farandulera.
Chechu Bonelli y Facundo Pieres. Sí, ese Pieres. El polista que ya pasó por los capítulos sentimentales de Paula Chaves y Zaira Nara, como si el corazón fuera un torneo de temporada alta. Esta vez, la escena es Punta del Este, playa, complicidad, miradas largas y —según cuentan— un beso que selló lo que ya se olfateaba en el aire salado del verano.
Yanina mostró la imagen y el Este explotó. Porque Punta del Este es eso: un gran set de reality sin cámaras oficiales, donde todos se hacen los sorprendidos pero nadie deja el teléfono en el bolsillo. La foto circuló, el runrún creció y la frase quedó tatuada en la arena: “Los vieron muy cómplices”. Traducción libre: acá pasa algo.
Chechu viene de un año pesado. Separación, duelo íntimo y palabras medidas. Catorce años con Darío Cvitanich, padre de sus hijas, matrimonio largo, familia armada y promesas hechas con fe católica incluida. Nada liviano. Y del otro lado, Cvitanich ya rehaciendo su vida con Ivana Figueiras, mientras el tiempo —ese juez silencioso— acomoda fichas sin pedir permiso.
Chechu habló, reflexionó, se desnudó emocionalmente en entrevistas donde dejó frases que no se dicen porque sí. Que fue un proceso, que intentó remar, que creyó que las crisis se superan como los partidos difíciles. Que fue “un poco hombre y mujer en la casa”. Y ahí hay algo más que chimento: hay desgaste, roles corridos, cansancio emocional. El amor también se fatiga, aunque no salga en las tapas.
Y ahora aparece Pieres, justo ahora. ¿Casualidad? En la farándula argentina la casualidad es una leyenda urbana. Él, con prontuario sentimental VIP. Ella, saliendo del duelo. El escenario: Punta del Este, donde todo parece más liviano pero se paga caro. Y mientras Zaira Nara inicia romance con otro polista, Robert Strom, el círculo se cierra como un chiste interno del jet set: el polo une lo que la tele separa.
Como decía Moria, “si vas a pecar, pecá bien”. Y Chechu no pecó: siguió viviendo. Porque después del amor largo viene el derecho a volver a empezar sin pedir disculpas. Y si es con un polista conocido, en verano y con testigos, mejor: que el rumor haga el trabajo sucio.
No hay escándalo cuando hay proceso. No hay pecado cuando hay final cerrado. Chechu no volvió al ruedo: volvió a respirar. Y Facundo Pieres, una vez más, aparece donde el corazón todavía late caliente. Punta del Este confirma lo de siempre: el amor no se esconde, se filtra. Y cuando se filtra, tarde o temprano, alguien saca la foto.
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