Por Gus Reimon.
La decisión del gigante asiático impacta de lleno en el principal rubro exportador argentino y expone el deterioro de la relación bilateral. Beijing estaría molesto por el incumplimiento de compromisos asumidos al renovarse el swap, clave para las reservas del Banco Central.
China lanzó una dura señal al gobierno de Javier Milei: desde este 1° de enero de 2026 comenzó a regir un nuevo régimen de cuotas y aranceles para la carne vacuna importada, que afecta directamente a la Argentina, principal proveedor del mercado chino.
La medida puede leerse como una advertencia política. Si bien también alcanza a otros grandes exportadores como Brasil y Australia, el impacto potencial sobre la Argentina es significativamente mayor: China concentra cerca del 70% de las exportaciones de carne vacuna del país, y explica por sí sola el boom exportador del sector en los últimos años.
Según informó el Ministerio de Comercio chino, la cuota anual será de 511.000 toneladas, volumen que mantendrá el arancel actual del 12,5%. Sin embargo, toda exportación que supere ese cupo deberá pagar un arancel del 55%, una barrera que prácticamente vuelve inviable cualquier excedente.
El régimen tendrá una duración de tres años, con un mecanismo de aumento de cuotas del 2% anual, una calibración que revela precisión técnica, pero también un mensaje político cuidadosamente administrado por Beijing.
El trasfondo político del conflicto
En círculos diplomáticos y económicos se interpreta la decisión como una represalia ante el creciente alineamiento del gobierno libertario con Estados Unidos y Donald Trump, pero sobre todo como una respuesta al incumplimiento de compromisos asumidos por Milei con China cuando se decidió renovar el swap de monedas.
Tras la reunión bilateral de noviembre de 2024, en el marco del G20 de Río de Janeiro, el Presidente argentino se comprometió a realizar una visita oficial a Beijing en mayo de 2025, compromiso que nunca se concretó. Posteriormente, también se anunció un viaje de Karina Milei, que terminó siendo suspendido.
El doble desaire no pasó desapercibido para el gigante asiático, que ahora encuentra un momento estratégico para expresar su malestar: durante 2026 deberá volver a negociarse la renovación del swap, un instrumento esencial para sostener las frágiles reservas del Banco Central argentino.
Macri mete presión
En medio de la tensión, el expresidente Mauricio Macri también dejó una definición que incomoda al actual gobierno:
“China es más complementaria para la Argentina”, afirmó, marcando distancia del alineamiento automático con Washington y subrayando la importancia del vínculo económico con Beijing.
Una advertencia con impacto real
Más allá de la retórica diplomática, la decisión china tiene consecuencias concretas: afecta exportaciones, ingreso de divisas y empleo, y agrega presión a una economía ya condicionada por la falta de dólares.
La advertencia está hecha. El interrogante ahora es si el gobierno de Milei está dispuesto —o en condiciones— de recomponer una relación estratégica clave, justo cuando más la necesita.
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