Mauricio Dayub: el hombre que camina por la cuerda floja del alma
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Por Gonzalo Guardia El Archivólogo Agencia de Guardia
En un rincón del histórico Teatro El Nacional, entre las luces que todavía no se encendieron y el eco de los aplausos que quedaron flotando del día anterior, Mauricio Dayub afina el alma. En minutos va a salir a escena con El Equilibrista, su criatura más amada, esa obra que no solo lo puso en el mapa del teatro argentino, sino que lo transformó en un faro para una generación que todavía cree que el escenario puede salvarte de la rutina.
El que lo entrevista es el chileno Moncho Falchetti, conductor del streaming Esto es un Montón que se transmite por D stream de Cristian Iuale, que llega con respeto y curiosidad, y se encuentra con un tipo que te desarma con calma y lucidez. Dayub no vende humo: respira teatro.
Dayub cuenta los números como quien enumera cicatrices: siete años, ochocientas funciones, 450 mil espectadores, setenta ciudades y cinco países. No lo dice para agrandarse, sino como quien se sorprende de seguir vivo en esta industria que te abraza y te escupe con la misma facilidad.
“El oro de la temporada en Buenos Aires, el oro en Mar del Plata y el Konex de Platino al mejor unipersonal de la década”, dice, y sonríe con esa humildad que le sale natural, como quien pide disculpas por tener éxito. “Todo eso pasó porque el espectáculo lo produce el público”, confiesa. “Yo solo subo, pero el que la hace crecer es el espectador.”
Y claro, El Equilibrista no es un unipersonal: es una ceremonia compartida. Dayub logra lo que pocos: hacerte reír y llorar al mismo tiempo. “En algún momento, todos se encuentran riéndose, pero con una emoción que los lleva del precipicio de la risa al de la lágrima”, explica. Y ahí está el secreto: en ese vaivén donde el público no sabe si aplaudir o abrazarlo.
“Algunos me dicen ‘gracias’. Otros, más expresivos, me gritan ‘¡sos un hijo de puta!’”, cuenta entre risas. “Y para mí
Mientras actúa, Dayub mueve objetos, acomoda sillas, crea mundos con gestos mínimos. “En El Equilibrista un perro es solo una cola, la abuela es un vestido. Cada uno completa con su imaginación”, dice, con una emoción de pibe que juega a ser otro.
No hay efectos ni pantallas: hay magia pura. “Yo quería aportarle un granito de arena al teatro argentino haciendo el teatro que me enamoró: ese que te hace imaginar lo que no ves.” Y lo logra. Cada escena es una metáfora viva: la metonimia hecha carne, como él la define. Mostrar una parte para que el otro entienda el todo.
Y en esa cuerda floja entre lo simbólico y lo real, Dayub camina sin red. Y el público lo sigue, sin pestañear.
Antes de El Equilibrista, hubo otra semilla: El Amateur. Su primer texto, su primera apuesta, su revancha con la vida. “Fue cuando nadie me elegía, cuando no me llamaban los productores. Entonces me escribí una obra para mostrarme de punta a punta.” Y vaya si funcionó: ganó 17 premios, incluyendo el María Guerrero, y compartió terna con gigantes como Tito Cossa y Gorostiza.
Hoy, El Amateur vuelve renovada, adaptada al ritmo del espectador actual. “Nuestra percepción cambió. Por eso la nueva versión tiene la velocidad y la emoción de hoy”, dice. Y lo dice con orgullo de artesano: el tipo que se ensucia las manos con lo que ama.
En medio de la charla, Moncho le tira una frase que Dayub dijo en una pelicula «Ojos que no ven: “Todo encuentro casual es una cita.” Dayub era un abogado turbio y se lo decia a la protagonista de la pelicula (Malena Solda). Dayub sonríe. “No es mía, creo que es de Galeano”, dice. “Pero la adopté. Porque significa que hay que estar atentos: la vida todo el tiempo nos ofrece señales, y si no estás despierto, se te escapan.”
Y ahí está la filosofía Dayub: vivir con atención, sin subestimar lo cotidiano. “No hay que medir la importancia de las cosas por la ropa o el auto del otro. Todo encuentro es una oportunidad. Hay que vivir el presente de verdad, no el que nos venden.”
Cuando Moncho le pregunta qué se necesita para hacer teatro, Dayub no duda: “Primero hay que sentir algo. Después, subirlo al escenario. El teatro es eso: un grupo de personas que decide poner lo que siente ahí arriba, frente a otros.”
Y remata con una frase que podría quedar tallada en la marquesina del Nacional: “Una persona con imaginación y otro que la mire. Con eso alcanza.”
El Equilibrista sigue presentándose todos los miércoles a las 20 hs en el Teatro EL Nacional, hasta fin de noviembre. Y verlo a Dayub sobre ese escenario es ver a un tipo que encontró su verdad arriba de una cuerda. Una cuerda invisible, sí, pero firme.
Porque como diría el Negro Fontanarrosa, “hay cosas que uno no elige: lo eligen a uno”. Y el teatro, sin duda, eligió a Mauricio Dayub.