Mirá vos… de esas historias que te sacan una sonrisa y un “¡vamos, carajo!”. Las Kamikazes, nuestras pibas de la selección argentina de beach handball, se subieron a lo más alto del podio en los World Games de Chengdu, China, y le pintaron la cara a Alemania en la final. Sí, a las mismas que nos habían dejado con la sangre en el ojo en el Mundial del año pasado.
Arrancaron flojas, eh. El primer set se lo llevó Alemania 20-14, y parecía que la cosa se complicaba. Pero ahí apareció esa mística argenta de no bajar los brazos ni con una topadora: las chicas ajustaron la defensa, clavaron el 22-12 en el segundo y mandaron todo a los shoot-out.
En esa definición, no tembló nadie: 7-2 y a gritarlo como si no hubiera mañana. Arena al aire, abrazos, lágrimas… y esa imagen que queda para la historia: el equipo entero festejando con el alma.
No fue casualidad. Las Kamikazes llegaron con puntaje ideal desde la fase de grupos, despacharon a Portugal, Croacia y China sin dejarles un set, le ganaron a Vietnam, y en semis sacaron del medio a España, el campeón europeo. Todo con esa mezcla de talento, laburo y corazón que nos gusta contar.
La entrenadora Leticia Brunati lo dijo clarito: “Este logro es resultado del compromiso de todo el equipo”. Y Gisella Bonomi, una de las referentes, tiró esa frase que te pega directo al pecho: “Representa cada gota de sudor, cada esfuerzo y sacrificio que hemos hecho a lo largo de los años”.
Este oro no es solo una medalla: es revancha, es orgullo, es saber que las pibas se plantaron contra las potencias históricas y ganaron. Y ahora, con la arena todavía caliente, ya escribieron su capítulo dorado en el deporte argentino.
Porque al final, como decía el viejo del barrio, “podrán tener más recursos, pero nunca más corazón que nosotros”. Y estas Kamikazes, corazón les sobra.
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