DE LA TUERCA AL CORAZÓN: HISTORIA DE UN GENIO NACIONAL
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Por El Archivólogo | Agencia de Guardia
📺 Juan Carlos Mesa: El Gordo que Nos Hizo Reír Hasta que Apagaron la Cámara
Hay personajes que se nos meten en el living sin golpear la puerta. Que nos hacen reír con solo aparecer, con esa cadencia de barrio, con esa bonhomía que ya no se fabrica más. Juan Carlos Mesa fue uno de ellos. Un gordo querible, de esos que abrazan con la risa. Que no necesitaban decir una guarangada para hacernos llorar de la risa. “¡No me diga, doctor!”, gritaba Gianni Lunadei en Mesa de noticias y medio país se atragantaba con la milanesa.
Pero arranquemos por el principio, como decían en La Tuerca, uno de esos programas que hoy serían imposibles de explicar con un hilo de Twitter. Juan Carlos nació en Córdoba en 1930 y arrancó en la radio, como todo guionista de la vieja escuela: escribiendo a máquina y soñando con una buena risa de fondo. Con “La Troupe de la Gran Vía” se mandó la primera gran jugada: retratar el alma cordobesa desde la peatonal San Martín. Porque el tipo, aunque se volvió más porteño que la Sábana Santa del Borda, era del centro del país.
De Córdoba a Buenos Aires, de la radio al rating. Le escribió a todos: Pepe Biondi, Balá, Olmedo, Tato Bores… ¡Mirá ese póker de monstruos! Lo de Tato fue otra historia. En plena dictadura, escribir humor político no era joda. Pero Mesa tenía una habilidad quirúrgica: pegaba sin lastimar, y decía sin que se note tanto. Como quien tira un palito al aire en plena mesa familiar.
Pero lo que lo consagró en el corazón del pueblo fue Mesa de noticias. Ese noticiero falso que se nos metía al mediodía como un alfajor entre dos clases del colegio. Él, el gordo bonachón, y Lunadei, el villano más amado de la TV. “Delanata” era el jefe que todos tuvimos, ese que te respiraba en la nuca mientras vos buscabas una excusa para no ir el domingo. ¡Y qué elenco, por Dios! César Bertrand, Cris Morena, Gino Renni, el negro Álvarez… todos en un mismo decorado que parecía la redacción de Clarín, pero con menos estrés.
Mesa no era solo actor. Era guionista, director, ideólogo. Le metió garra y papel carbónico a Los Extermineitors, y de ahí salió la legendaria Brigada Cola. ¿Quién no imitó alguna vez a Francella diciendo “¡A comerlaaa!” con el buzo naranja de la brigada? Hasta filmaban con helicóptero, y efectos especiales que hoy dan ternura, pero en su momento eran Star Wars con fainá.
Pero no todo fue joda. En 1997 se pasó a la radio con El Despertador en Del Plata. Y más adelante, en 2000, hizo un papel serio en Primicias, como Américo Baigorria. El tipo tenía registro para todo. Y eso, en este país de encasilladores seriales, vale oro.
Falleció el 2 de agosto de 2016, en Buenos Aires. Ese día, la televisión argentina perdió algo más que un humorista. Se fue un artesano del guion, un corazón grande como un estudio de ATC, un tipo que sabía que el humor, bien hecho, cura más que cualquier receta médica.
“Se fue el Gordo Mesa”, dijeron los portales. Pero no. El Gordo Mesa no se fue. El Gordo Mesa quedó. En cada frase, en cada personaje, en cada carcajada de abuelo que hoy se repite en un nieto cuando ve un video viejo en YouTube.
Porque como decían en Mesa de noticias, cuando el rating era un deporte nacional: “¡Con ustedes, el gordo que no adelgaza en el recuerdo!”
🎬 Veredicto de El Archivólogo
Juan Carlos Mesa no fue solo un guionista ni un actor: fue un verdadero alquimista del humor. Supo destilar lo mejor del ADN nacional y embotellarlo en frases, sketches y personajes que siguen vivos en la memoria colectiva. En tiempos donde el humor necesita GPS para no ofender, Mesa jugaba con elegancia, con timing de oro, y sobre todo, con cariño por su público.
Fue el gordo que no pedía permiso para entrar a tu casa: ya estaba sentado en la cabecera de la mesa. Mezcló ternura con ironía, y le puso humanidad al absurdo. Con él reíamos de nosotros, no a costa de nosotros.
Hoy, su risa sigue viajando por el aire como esas viejas radios Spika de los 60, y su legado se rebobina una y otra vez en cada argentino que, sin saberlo, repite alguna de sus ocurrencias sin saber de dónde vienen.
Juan Carlos Mesa fue, es y será el humor argentino con moño.