Por El Archivólogo | Especial para Agencia de Guardia
(con el corazón en modo bandera y la garganta hecha pelota de tanto gritar “¡Vamos Argentina!”)
Dicen que los argentinos somos buenos improvisando. Que nos arreglamos con alambre. Que no servimos para los proyectos a largo plazo. Bueno, deciles eso a estos diez pibes y pibas del ITBA que, con neuronas afiladas, garra criolla y una pasión que ni la NASA pudo ignorar, acaban de dejar al país en lo más alto del podio aeroespacial. Literal.
Sí, señora, señor, no es joda: ganaron la competencia internacional CanSat 2025, una movida académica de la NASA donde los mejores cerebros jóvenes del mundo diseñan, construyen y lanzan un satélite del tamaño de una latita de gaseosa. Y adivinen quiénes ganaron… ¡nosotrxs!
“Cuando nos mencionaron, nos descontrolamos”
Thomás Agustín Marthi, todavía con la adrenalina en la voz, lo dijo clarito desde un auto camino a Washington:
“Fue mucho el tiempo de trabajo, de laburo. Cuando nos mencionaron, nos descontrolamos”.
Y cómo no, hermano. Si venís bancando seis meses de rosca, ingeniería, madrugadas sin dormir y simulaciones más complejas que un trámite en AFIP, el desahogo se te mete por las venas.
El dream team argentino: más que ingenieros, patriotas con código binario
Tomá nota, porque estos nombres ya deberían estar en el Archivo General de la Nación:
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Santiago Bolzicco – Team Leader, estudiante de Ingeniería Industrial
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Ezequiel Bolzicco – Mecánica pura, Mechanical Team Leader
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Daniela Agustina Maradei Lavalle – Ingeniería Mecánica y ovarios de acero
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Thomás Agustín Marthi – Mecánica también, y voz de celebración
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Federico Agustín Pilotto – Otro mecánico de lujo
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Rafael Dalzotto – Electrónica y Software Team Leader, el hacker del grupo
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Emanuel Agustín Albornoz – Electrónica full
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Santino Agosti – Electrónica y emoción
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Juan Agustín Martínez Haarth – Bioingeniería, porque hasta la salud subió al cohete
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Micaela Soledad Perillo – Informática, la que hizo que todo funcione
El proyecto fue claro: construir un satélite del tamaño de una lata, lanzarlo a 700 metros de altura desde un cohete, que sobreviva la caída controlada y cumpla funciones como si fuese una misión espacial posta. Este año, encima, tenía que bajar con un sistema de aspas, como un helicóptero en miniatura. Y lo hicieron. Y les salió perfecto.
“Nuestra idea es que CanSat sea un proyecto que permanezca todos los años en la Facultad”, tiró Ezequiel Bolzicco, con esa mezcla justa de orgullo y generosidad académica.
Había 34 equipos de todo el planeta. Turquía, Taiwán, Canadá… todos con facha, presupuesto, tecnología y hasta snacks importados. Pero Argentina no solo compitió: les pintó la cara. El esfuerzo, el talento y esa cosita argenta que no se enseña, se impuso.
Y ahí está la clave: cuando el país se cae a pedazos, cuando el dólar nos corre como el 9 a la defensa de Talleres, los pibes hacen patria desde un aula, con código fuente y sangre celeste y blanca.
El veredicto del Archivólogo
Cuando los noticieros están llenos de gritos de diputados, peleas entre libertarias y dolarización exprés, ellos, los del ITBA, nos recordaron que la Argentina también sabe construir futuro.
Y no cualquier futuro: uno que se lanza a 700 metros, planea entre las nubes y aterriza suavecito, pero con bandera.
Gracias, chicos. Nos devolvieron algo más valioso que un satélite: la esperanza.
El Archivólogo
Desde el corazón del archivo nacional y con los ojos llenos de orgullo popular
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